No codiciar los bienes ajenos y la mujer de tu prójimo

 

 

 

   Desde el cielo les he ordenado no codiciar los bienes ajenos y la mujer de vuestro prójimo. Desde el laicado hasta los sacerdotes no han guardado este Mandamiento. He revelado mi amor por toda criatura sobre la tierra, con Mi Sacrificio y por medio de este Sacrificio les di la vida eterna y Mi Mensaje de amor.

    Muchos de vosotros predicáis una y otra vez: amor, perdón, humildad, tolerancia y santidad. Sin embargo, hasta este día, muchos de vosotros estáis dispuestos a matar porque no conseguís lo que deseáis.

    Os seguís lanzando flechas envenenadas unos a otros, porque no tenéis lo que Yo le he dado a vuestro prójimo.

    Desde el tiempo de Abel hasta hoy se repite este pecado constantemente. El primer hombre que codició los bienes de su hermano fue Caín, pero ¿cuantos más Caínes existen hoy? y ¿cuántos más Esaúes? Esaú, movido nada más que por la conveniencia, cedió su primogenitura, cayendo en la apostasía.

    ¿Por qué no seguir el ejemplo de Abel y ser santos?

      Amar es vivir en santidad y de acuerdo a Mis Mandamientos.

      Si tú, que Me estás alabando noche y día, todavía codicias los bienes de tu prójimo, Yo te pido:

                                                                                                                                                                   ¡Arrepiéntete!

    

       Si tú Me dices: ¿Pero cómo Señor, voy a estar codiciando los bienes de mi prójimo, yo que he consagrado mis bienes, mi vida y todo a Ti? ¿Cómo puedo estar yo codiciando sus bienes?

        Yo te diré: tu espíritu está codiciando el espíritu de tu prójimo, esos mismos dones que Yo he concedido a su espíritu.

 

       Caín deseaba algo y no lo conseguía, por tanto mató a su hermano Abel. Esaú quiso algo y cedió su primogenitura para conseguirlo. Vosotros tenéis una ambición que no podéis satisfacer, por lo tanto o bien ignoráis la felicidad de vuestro prójimo para disgustarlo o salís fuera y estáis prontos a matar.

        El demonio ha puesto una trampa a tu alma.

                                                                                 ¡ No caigáis!

 

       En verdad os digo, si en el corazón tienes la amargura de la envidia o una ambición que se está buscando a sí misma, nunca hagas reclamación alguna para tí mismo o encubras la Verdad con mentiras, pues donde tú encuentres envidia y ambición, tu hallas la discordia, hipocresía y tibieza.

 

     No sigas pecando, ¡arrepiéntete! Pronto descenderé con Mi Trono entre vosotros, por tanto venid y arrepentíos mientras que todavía hay tiempo. Venid los que titubeáis y vaciláis entre el bien y el mal, los que os introducís en casa de vuestro prójimo, para conquistar mujerzuelas que están obsesionadas con sus pecados, que siguen un antojo tras otro, en un intento de educarse a sí mismas, pero que no son capaces de llegar al conocimiento de la Verdad.             (2Tim. 3,6-8)  

(6 Pues entre éstos están los que se meten en las casas y se llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas pasiones, 7 que siempre están aprendiendo y nunca logran llegar al conocimiento de la verdad. 8 )

 

 

 

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