IGUAL DE BELLO QUE ES UN ÁNGEL BUENO, ES LA FEALDAD DE UN ÁNGEL CAÍDO

QUE POR SOBERBIA LO PERDIÓ TODO

 

 

 

 

 

 

 

    Los Santos Ángeles son en el Cielo espíritus que están en el entorno de Dios, alabando y adorando constantemente al Todopoderoso. Yo, Jesús, os hablo.

 

    Hijos Míos, si supierais la belleza que tiene un Ángel moriríais en su contemplación. Y así, igual de bello que es un Ángel (bueno) es la fealdad del ángel caído que por soberbia lo perdió todo, su belleza y todos los privilegios que servir a Dios tiene. El ángel caído se hizo esclavo de sí mismo, porque desea perder a las almas y su sed de odio hacia Dios que no se aplaca con nada, y él que no quiso servir a Dios, se sirve a sí mismo y como él no es persona divina, no se goza en sus acciones y, para disgustar a Dios, mucho más que para agradarse a sí mismo, desea ardientemente perder a las almas. Yo, Jesús, os hablo.

 

 

    Por eso, cuando un alma cae en las garras del ángel caído, y son muchos los ángeles caídos que existen, su mayor deseo no es (sólo) perder al alma, ni conseguir su objetivo, sino hacer sufrir a Dios, porque lo que desean los ángeles caídos es que Dios sufra por la perdición de las almas. Yo, Jesús, os hablo.

 

 

    Hijos Míos, hijos de la Iglesia Católica, sed consecuentes con vuestra fe y vivid según los Mandamientos de Dios, para que los ángeles caídos no puedan derrotaros por la firmeza de vuestra perseverancia y que ésta no se tambalee ante nada. Yo, Jesús, os hablo.

 

 

    La derrota de los demonios está en la firmeza de las almas que no ceden a las insidias de los diablos y, cumplen fielmente todos Mis Mandamientos frente a toda adversidad o contrariedad que se les presenten, porque el alma que es fiel en la adversidad, en las contradicciones y batallas que libra, bien sean tentaciones o sugerencias del diablo, ese alma es una derrota para ellos porque los venció por amor a Dios, anteponiéndole a todas las sugerencias del demonio a pesar de que pudieran parecer buenas estas sugerencias.

 

 

    Cuando un alma vence al demonio, repercute en el Infierno entero, porque todos los diablos lamentarán que el alma venció por la gracia y el amor de Dios, y no es tanto la gracia de Dios lo que los diablos lamentan, sino el amor que el alma le tiene a Dios, porque ellos lo que más desean y por lo que trabajan afanosamente, es porque Dios sea desplazado de las almas para perderlas eternamente y que éstas lo odien eternamente. Hijos, lo que quieren los diablos es que Me odiéis eternamente. Yo, Jesús, os hablo y os instruyo.

 

 

 

La Sangre del Crucificado

Que al mundo del Infierno ha rescatado.

Esta Sangre por bebida se nos ha dado,

y del pecado a las almas ha lavado.

 

La Sangre de Jesús aplaca la indignación del Eterno,

y nos lleva a Su mansión.

Si la sangre de Abel clama venganza,

pues la de Jesús, perdona y alcanza.

 

Si de esta Sangre nuestro corazón se llena,

el ministro del furor divino pronto se ahuyenta.

Si la divina Sangre de Jesús se enaltece,

triunfa el Cielo y el abismo se entristece.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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