Oraciones de Santo Tomás de Aquino

(Siglo XIII)

 

"In adoratione principalior est interior devotio mentis"

 

"Adoro te devote, latens deitas
Quae sub his figuris vere latitas;
Tibi se cor meum totum subjicit,
Quia te contemplans, totum deficit"

 Al Santísimo Sacramento

"Adoro te devote"

(Te adoro con devoción)

 

Te adoro con fervor, Deidad oculta,

Que estás bajo estas formas escondida;

A Ti mi corazón se rinde entero,

Y desfallece todo si Te mira.

 

Se engaña en Ti la vista, el tacto, el gusto,

Mas, tu palabra engendra fe rendida;

Cuanto el Hijo de Dios ha dicho, creo;

Pues no hay verdad cual la verdad divina.

 

En la cruz la Deidad estaba oculta,

Aquí la humanidad yace escondida;

 Y uno y otro creyendo y confesando,

Imploro yo lo que imploraba Dimas.

 

No veo, como vio Tomás, tus llagas,

Mas, por su Dios Te aclama el alma mía:

Haz que siempre, Señor, en Ti yo crea,

Que espere en Ti, que Te ame sin medida.

 

¡Oh memorial de la pasión de Cristo,

Oh pan vivo que al hombre das la vida!

 Concede que de Ti viva mi alma.

Y guste de tus célicas delicias.

 

Jesús mío, pelícano piadoso,

Con tu sangre mi pecho impuro limpia,

Que de tal sangre una gotita puede,

Todo el mundo salvar de su malicia.

 

Jesús, a quien ahora miro oculto,

Cumple, Señor, lo que mi pecho ansía,

 Que a cara descubierta contemplándote

Por siempre goce de tu clara  vista.

 

  "La tradición medieval ve el pelícano como figura de Cristo: el modo como abre la bolsa para dar alimento a sus polluelos ha sugerido que se abría el pecho con el pico para alimentarlos con su sangre."

 

    Omnipotente Dios y Señor mío, corre mi corazón a recibir con suma ansia y reverencia el. Sacramento de tu Hijo y Señor mío, Jesucristo. Voy, Dios mío, como el ciervo a la fuente, el pobre a buscar socorro, el necesitado de todo al rico, todo generoso y todo misericordioso.

    Suplico, pues, Dios mío, a esa generosidad y largueza, sobre toda largueza y liberalidad, que cure mis enfermedades, sane mis heridas, lave mis manchas, alumbre mis tinieblas, socorra mis necesidades, vista mi desnudez y gobierne mis potencias, sentidos y facultades.

    Concédeme, Señor, que dignamente reciba este Pan de los Angeles, Rey de Reyes, Señor de los Señores, Creador de todo lo creado, gozo, consuelo, remedio de todas las criaturas.

    Recíbete, Señor, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición, con tan pura intención y tierna devoción, con tan constante fe, cierta esperanza, ardiente caridad y con tan profunda humildad, que mi alma sea sana y salva.

    Concédeme, Señor, Te suplico, que no sólo reciba el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sino también el efecto y la virtud de este Sacramento.

    Piadoso Dios, dame el cuerpo de tu Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ese cuerpo que tomó en el seno de la Virgen María; haz que lo reciba de tal manera que merezca ser incorporado a su Cuerpo místico y contado entre sus miembros.

    Padre amantísimo, concédeme, por fin, poder contemplar cara a cara en la eternidad a tu Hijo muy amado que me dispongo a recibir ahora bajo los velos que le cubren aquí abajo. Y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Para después de comulgar.

    Gracias Te doy, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios, que a mí, pecador e indigno siervo tuyo, sin mérito alguno, sino por la sola dignación de tu misericordia, Te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

    Te suplico, Padre clementísimo, que esta Sagrada Comunión no sea para mi alma lazo ni ocasión de castigo, sino intercesión saludable de perdón. Séame armadura de fe y escudo, de buena voluntad.

    Sea muerte de todos mis vicios, destierro de todos mis carnales apetitos, y acrecentamiento de caridad, de paciencia, de verdadera humildad y de todas las virtudes.

    Sea firme defensa de todos mis enemigos visibles e invisibles, perfecto sosiego de mi espíritu, perfecta unión contigo solo, mi verdadero Dios y Señor, feliz consumación de mi fin.

    Te ruego que tengas por bien llevarme a mí, pobre pecador, a aquel convite inefable, en donde, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres, para tus elegidos, luz verdadera, hartura cumplida, gozo perdurable, felicidad perfecta y alegría eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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