LOS 46 ROSARIOS EN HONOR DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE

  

         

  
El origen de esta devoción es muy antiguo. Data del siglo XIX. En sus inicios se comenzaba esta Devoción con una verbena en el Jardín del Santuario.

¿Porqué 46 rosarios? Es un número simbólico para representar el número de estrellas impresas en el manto de la imagen de Guadalupe. La devoción se conserva hasta el día de hoy; como todo encuentro de fe, es una práctica agradable a Dios y por su medio consta que se han alcanzado muchos favores.


 GUÍA PARA PRACTICAR ESTA DEVOCIÓN


† Por la Señal de la Santa Cruz † de nuestros enemigos, † líbranos Señor, Dios nuestro. † En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


ACTO DE CONTRICIÓN:

Señor Jesucristo, que por mi amor quisiste nacer en un pesebre y morir en la cruz, ¡qué grande ha sido mi deslealtad! ¡qué grande mi atrevimiento cada vez que he faltado a tu ley de amor! Tú, Señor, mostrándote misericordioso conmigo te manifiestas Dios, pues en tu ser infinito cabe infinita bondad. Imploro tu perdón tanto más necesario cuanto más pecador me confieso.

¡Perdón, Señor mío! Te ofendí y al considerarlo siento gran tristeza, pero al verte en la cruz, mi confianza renace, por eso, desde el fondo de mi alma, te digo como el salmista: ¡Apiádate de mi Dios mío según tu gran misericordia! Amén.


OFRECIMIENTO:

Acuérdate, ¡Oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido desamparado de ti. Animado por esta confianza, a ti acudo, oh Madre, Virgen de Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana. Oh Madre de Dios, no deseches mis súplicas, antes bien, escúchalas y acógelas benignamente. Amén.


PADRE NUESTRO:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.


AVE MARÍA:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


GLORIA:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


JACULATORIAS:
V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.


V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.

 


LOS MISTERIOS GOZOSOS: (lunes y sábado)
La Encarnación del Hijo de Dios.
La visita de la Santísima Virgen a su prima santa Isabel.
El nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
La presentación del niño Jesús al templo.
El niño Jesús perdido y encontrado en el templo.


LOS MISTERIOS DOLOROSOS: (martes y viernes)
La oración en el huerto de los olivos.
La flagelación del Señor.
La coronación de espinas.
Jesús con la cruz a cuestas.
Jesús muere en la cruz.


LOS MISTERIOS GLORIOSOS: (miércoles y domingo)
La Resurrección del Señor.
La ascensión del Señor a los cielos.
La venida del Espíritu Santo.
La asunción de la Santísima Virgen María a los cielos.
La coronación de la Virgen María como Reina de cielos y tierra.


LOS MISTERIOS LUMINOSOS: (jueves)
El Bautismo de Jesús en el Jordán.
La Autorevelación de Jesús en las Bodas de Caná.
Jesús anuncia el Reino de Dios y nos invita a la conversión.
La transfiguración del Señor.
La institución de la Eucaristía como expresión sacramental del Misterio Pascual.

 


EN CADA MISTERIO DEL SANTO ROSARIO SE REZA UNA PLEGARIA: Primer Misterio:

Primera Plegaria, Segundo Misterio: Segunda Plegaria, y así sucesivamente.


PRIMERA PLEGARIA.

Madre nuestra, te suplicamos que en las horas amargas de la vida, cuando la angustia y la aflicción nos lastimen, sepamos escuchar en lo íntimo del alma tu voz consoladora, como el dichoso Juan Diego en el Tepeyac. Concede a quienes contemplamos con fe tu bendita imagen de Guadalupe gozar por anticipado la felicidad que en la casa del Padre nos espera, a cambio de lo cual aceptamos sobrellevar con firmeza los trabajos que Dios nos enviare. Amén.


Rezar: Padre Nuestro – 10 Aves Marías – Gloria al Padre... 

V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.

 


SEGUNDA PLEGARIA.

Madre de Dios y Madre nuestra, te pedimos que así como en el Tepeyac te dignaste salir al encuentro de Juan Diego temeroso y apocado que te rehuía, te dignes asistirnos con tu presencia materna en el trance de la muerte y consolarnos en la agonía. De tu valiosa solicitud esperamos la dicha de contemplar a Dios tal y como es por toda la eternidad. Amén.


Rezar: Padre Nuestro – 10 Aves Marías – Gloria al Padre...

V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.


TERCERA PLEGARIA.

Madre de todos los hombres, te suplicamos que así como consolaste a Juan Diego, abatido por la enfermedad que minaba la salud y fuerza de su tío, acudas en auxilio nuestro cuantas veces nos apartemos de la virtud y atentemos contra el amor. Madre Santa, que resuene en nuestros oídos aquel ¿A dónde vas, hijo mío?, que dijiste a Juan Diego y que al oírlo dejemos el camino de la mentira, del fraude, la irresponsabilidad y comencemos de nuevo a servir a Dios Amén.


Rezar: Padre Nuestro – 10 Aves Marías – Gloria al Padre... 

V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.


CUARTA PLEGARIA.


Madre de los mexicanos, te suplicamos que así como brotaron rosas frescas y fragantes en el árido Tepeyac y se imprimía tu divina imagen en la tilma de Juan Diego, te dignes hacer florecer en nuestra alma el amor para que en ellas te retrates tú, purísima Madre, y podamos esperar con inquebrantable fe un tránsito feliz de esta vida a la eterna. Amén.


Rezar: Padre Nuestro – 10 Aves Marías – Gloria al Padre...

V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.


QUINTA PLEGARIA.


Madre de los mártires, te suplicamos que, así como el neófito Juan Diego, tu embajador, se sintió tan hondamente solidario ante las necesidades de sus semejantes, y alcanzó por tu mediación ante Dios la salud de su afligido tío Juan Bernardino, te dignes alcanzarnos la gracia de vivir ese espíritu de servicio a los demás como verdaderos hermanos de Jesús. Amén.


Rezar: Padre Nuestro – 10 Aves Marías – Gloria al Padre... 

V. Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.
R. Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

V. San Juan Diego, predilecto de María.
R. Oye benigno mi ruego y sé tú mi protector y guía.


CONCLUIDOS LOS MISTERIOS, SE REZA LO SIGUIENTE


V. ¡Oh Soberano santuario, sagrario del Verbo eterno!
R. Libra, Virgen, del infierno, a quienes rezan tu Santo Rosario
V. Emperatriz, poderosa, de los mortales consuelo.
R. Ábrenos, Virgen, el cielo, con una muerte dichosa.
V. Y danos pureza de alma.
R. Tú que eres tan poderosa.


V. Dios te salve María santísima, Estrella de la mañana, faro resplandeciente que nos conduce al puerto de salvación, luz divina que ilumina a los bienaventurados.

 Dios te salve María Santísima, hija de Dios Padre, virgen purísima y castísima antes del parto, en tus manos encomendamos nuestra fe para que la ilumines. Llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.


R. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.


V. Dios te salve María Santísima, vida de los santos, alegría de los ángeles, esperanza de los hombres, nube luminosa a cuyo seno bajó el Hijo de Dios. Dios te salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, virgen purísima en el parto, en tus manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes. Llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.


R. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.

V. Dios te salve María Santísima, modelo de amor, lirio de pureza, imagen viva de castidad. Dios te salve María Santísima, esposa de Dios Espíritu Santo, virgen purísima después del parto, en tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames, nuestras necesidades para que las remedies, nuestras almas para que las salves. Llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.


R. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.


Dios te salve María Santísima, océano de gracias, manantial de misericordia, soberana emperatriz del cielo y de la tierra. Dios te salve María Santísima, templo, trono y sagrario de la Santísima Trinidad. Virgen concebida sin la culpa del pecado original.


Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida y dulzura y esperanza nuestra: Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!. Ruega por nosotros santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.


De tus divinos ojos, oh María penden nuestras felicidades ¡Míranos, Señora, y no nos desampares!

 


L E T A N Í A

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

V. Cristo, ten piedad de nosotros

R. Cristo, ten piedad de nosotros

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros.


A las siguientes invocaciones vamos a responder: ¡RUEGA POR NOSOTROS!


Santa María.
Hija predilecta del Padre.
Madre del Verbo Encarnado.
Templo del Espíritu Santo.
Virgen purísima, preservada del pecado original.
María, hija fiel de Sión.
María, obediente, pobre y humilde.
María, llena de gracia y de todas las virtudes.
María, discípula perfecta de Cristo.
María, atravesada por la espada del dolor.
María, entregada al apóstol Juan y a todos nosotros.
María, imagen purísima de la iglesia.
Santa María de Guadalupe.
Mujer vestida del sol eterno.
Mujer coronada de Estrellas del cielo.
Mujer con la luna perecedera bajo tus pies.
Estrella de la Evangelización.
Madre del verdadero Dios por quien se vive.
Madre, tú que amparaste a Juan Diego y a los más pequeños.
Madre, tú que amparas a los indígenas, campesinos y obreros.
Madre, tú que amparas a los niños maltratados y abandonados.
Madre, tú que amparas a los enfermos, ancianos y presos.
Madre, tú que amparas la vida del niño no nacido.
Virgen, tú que comunicas el amor a la castidad y pureza.
Virgen, tú que comunicas la búsqueda de silencio y meditación.
Virgen, tú que comunicas el celo apostólico por una nueva Evangelización.
María, Reina del cielo y de todo el universo.
María, Reina de América.
Reina, tú que nos pides el respeto a toda vida humana.
Reina, tú que nos pides la obediencia a los derechos humanos.
Reina, tú que nos pides la real protección de los derechos humanos.
Reina, tú que nos pides la consagración a tu Corazón inmaculado.
Reina, tú que nos pides el rezo diario del santo rosario.
Reina, tú que comunicas la caridad con tus hermanos más indigentes.
Reina, tú que comunicas el deseo de la entrega total a Cristo y a su Iglesia.
Reina, tú que comunicas la superación de nuestros instintos egoístas.
Reina, tú que nos pides la reparación de tantos crímenes contra la vida del alma y del cuerpo.
Reina, tú que nos pides la solidaridad cristiana con los hermanos más pobres.
María, signo celestial de la caída final del maligno.
María, signo celestial que prepara la última venida de Cristo.
María, signo celestial de victoria sobre las herejías, sectas y el ateísmo.
María, signo celestial de consuelo y esperanza de nosotros peregrinos.
María, signo celestial de nuestra transformación gloriosa.
María, signo celestial de un nuevo cielo y una nueva tierra.


V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

R. Perdónanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

R. Escúchanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo

 R. Ten misericordia de nosotros


ORACIÓN

Dios misericordioso, que quisiste que tu Hijo unigénito proclamara desde la cruz como Madre nuestra, a su propia Madre, haz que tu Iglesia, por la mediación y cooperación maternal de la Virgen María, crezca cada día en santidad y atraiga a su seno a todas las naciones. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 


OTRO MODELO DE LETANÍA


V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros

V. Cristo, ten piedad de nosotros

R. Cristo, ten piedad de nosotros

V. Señor, ten piedad de nosotros

R. Señor, ten piedad de nosotros


A las siguientes invocaciones vamos a responder: ¡RUEGA POR NOSOTROS!


Santa María
Hija predilecta del Padre
Madre del Hijo unigénito de Dios.
Consuelo del Espíritu Santo.
Templo del verdadero Dios por quien se vive.
Madre del Dios único de todos los hombres y pueblos.
Madre de Dios siempre cercana a todos.
Madre del Dios de la Alianza.
Reveladora de Jesús en el Tepeyac.
Protectora de salud y vida.
Alegría de nuestra tierra.
Felicidad de México.
Río de luz de nuestro pueblo.
Arrullo de nuestra tierra.
Manantial de Esperanza.
Estrella de la Evangelización Mujer vestida del sol.
Camino predilecto para llegar a Cristo.
Cumbre y monte de nuestra alegría.
Portadora de un mundo nuevo.
Aurora de nuestro caminar.
Madre y profeta reveladora del triunfo de tu Hijo y de tu Iglesia.
Flor y canto de América.
Reina de toda la creación.
A las siguientes invocaciones vamos a responder: ¡ENSÉÑANOS A VIVIR!
María, la de la palabra suave y dulce que acaricia.
María, la que nos da al que es la vida.
María, la que tiene en sí al corazón del cielo.
María, la que nos trae al sol de la verdad y de la luz.
María, la que nos entrega la flor de la gran verdad.
María, la que realiza en nuestra tierra la alianza de Dios con nosotros.
María, jovencita hermosa, modelo de todas las jóvenes
María, la que hace florecer y da vida al Tepeyac.
María, la que nos pide su casita sagrada para atendernos.
María, la que se hace solidaria con la suerte de nuestro pueblo.
María, la que promociona al pobre y desamparado.
María, la que ayuda a promover y dignificar a los humildes de la tierra.
María, la que nos aquieta el corazón.
María, la que nos atrae y nos pone en su regazo.
María, la que nos acerca más y más a Jesús y a nuestros hermanos.
María, la que convierte a los poderosos en servidores de los demás.
María, la que hace la unión de tantas razas y pueblos dispersos.


A las siguientes invocaciones vamos a responder: ¡ENSÉÑANOS A AMAR!

Madre, que conoces nuestros andares y pesares.
Madre, que nos acoges y arrullas con cantos celestiales.
Madre, que apaciguas nuestras violencias y nos llamas a la reconciliación.
Madre, modelo y guía de todas nuestras madres.
Madre, la más hermosa y gloriosa mujer de toda la creación.
Tú, vida, dulzura y esperanza nuestra.
Tú, canto y victoria de Dios desde nuestra tierra.


V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

R. Perdónanos, Señor.

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

R. Escúchanos, Señor.

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

R. Ten misericordia de nosotros.


ORACIÓN

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas y oraciones que te hacemos en nuestras necesidades. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 


CONSAGRACIÓN A MARÍA

¡Oh señora mía! ¡Oh madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día, y pasa siempre, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, ¡oh madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como instrumento y posesión tuya. Amén.


ORACIÓN FINAL

Reina y Madre de los mexicanos:
Atraídos por el encanto de tu ternura maternal y tu solicitud hacia nosotros, venimos a consagrarte nuestras alegrías, penas, sacrificios, angustias y dolores.

Porque eres para todos los mexicanos una Madre que nos escucha, consuela y atiende nuestras necesidades.

Eres alivio en el dolor, luz que ahuyente nuestros temores; nos acoges siempre como a pequeñitos y delicados.

Nos consagramos totalmente a ti, y en ti depositamos nuestra confianza.
¡Santa María de Guadalupe, Reina de México, conserva nuestra fe y salva nuestra patria!


ORACIÓN A SAN JOSÉ

A ti bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Por aquella caridad que con la inmaculada virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio nos socorras en nuestras necesidades.

Protege, oh providentísimo custodio de la sagrada familia, a la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas y así como en otro tiempo libraste al niño Jesús de los peligros inminentes de su vida, así ahora defiende a la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad y a cada uno de nosotros protégenos con tu perpetuo patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en el cielo la bienaventuranza eterna.
Amén.

    

 

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