TESORO DE LAS GRANDES UTILIDADES QUE SE

GANAN EN CELEBRAR Y OÍR MISA

¡Vivan Jesús y María sin pecado concebida!  

  Jesús instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre para perpetuar el Sacrificio de la Cruz y confiar a su Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección: Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se recibe el cuerpo de Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera.

 La Misa es sacrificio y es banquete. 

 

 1.    San Bernardo, hablando de las utilidades de la Misa, dice: Que más merece el que devotamente oye una misa en gracia de Dios, que si peregrinara la dilatada espaciosidad de todo el mundo, y que si diera a los pobres toda su hacienda; pero mucho más el que celebra.

 2.    El mismo Santo dice: Que el que devotamente y en gracia oyere Misa merece tanto como si fuera peregrinando, y visitara todos los Lugares Santos de Jerusalén.

 3.   San Buenaventura, con otros muchos Padres, dice: Que la Santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres.

 4.    San Agustín dice: Que si alguno oyere devotamente Misa alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales é imperfecciones.

 5.    En otro lugar dijo: Que todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Angel, y por cada un paso le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta  vida mortal y perecedera.

 6.   Refiere el mismo Santo que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento ahuyenta al demonio del pecador.

 7.   Más adelante refiere: Que al que oyere Misa entera, no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.

 S.   En otro lugar continúa diciendo: Que mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el santo sacrificio de la Misa.

 9.   Mi gran Padre San Agustín, hablando con los que fueren muy devotos de las benditas almas del purgatorio, dice estas breves palabras: "Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí propio trabaja: así el que ofrece por las almas lo que reza, por sí propio trabaja".

10.  San Anselmo dice: Que una Misa sobrepuja y excede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y, pena.

11.   En otro lugar dice: Que oír devotamente una Misa en vida, o dar alguna limosna para que se celebre, aprovecha más que dejar para celebrarlas después de su muerte.

12.   San Gregorio dijo: Que el que devotamente oyere Misa, en aquel día se librará de muy grandes peligros y muchos males.

13.   En otro lugar dice: Porque ningún sacrificio hay en todo el mundo por el cual las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del purgatorio que por la sacratísima obligación y santo sacrificio de la Misa corno sienten los teólogos.

14.   El mismo Santo dice: Que la pena de los vivos y de los difuntos se suspende en el ínterin que la Misa se dice, y principalmente por las almas de aquellos por quienes con especialidad el sacerdote ruega, ora y dice la Misa.

15.   Continúa el mismo Santo diciendo: Que por las Misas oídas y dichas con devoción, los pecadores se convierten a Dios, las almas se libran de las penas que por sus pecados merecían en el purgatorio, y los justos se conservan en el camino rectísimo de la justificación.

16.   Por último, dice el mismo San Gregorio: Que por las Misas que en la Iglesia se celebran se convierten los infieles a la fe de Cristo, las almas  de las penas del purgatorio vuelan al cielo,  y los justos se afirman en gracia de Dios.

17.   San Jerónimo dice: Que las almas que están en las penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Misa, en el ínterin ningún tormento padecen mientras que el santo sacrificio de la Misa se celebra y dice por ellas.

18.   El mismo Santo dijo: Que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas del purgatorio, y a las otras que quedan en él se les disminuyen las muchas penas que allí padecen.

19.   San Alberto el Magno dice: Que el santo sacrificio de la Misa está tan lleno de misterios como el mar está lleno de gotas, como el sol de átomos, el firmamento de estrellas, y como el cielo empíreo de muchísimos Angeles.

20.   En otro lugar (Sermón 145) dice: Que el que en la Misa contemplare en la pasión y muerte de Jesús, merecerá más que si anduviera peregrinando a pie descalzo en los Lugares Santos de Jerusalén, y ayunara a pan y agua un año, y se azotara hasta derramar toda la sangre de sus venas, y rezara trescientas veces el Salterio.

21.   San Cipriano dice: Que el santo sacrificio de la Misa es medicina para sanar las enfermedades y holocausto para purgar las culpas.

22.   San Crisóstomo dice: Que la celebración de la Misa en cierta manera vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo en la Cruz.

23.   Inocencio Papa dice: Que por la virtud del sacramento de la Misa todas las virtudes se aumentan, y se acrecienta la gracia.

24.  Juan Bautista Mantuano dijo: Aunque Dios me diera cien lenguas, y con ellas una voz de acero que nunca se me gastara, no fuera posible declarar y manifestar las utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con asistir y oír Misa en gracia.

25.  San Bernardino de Sena dice: Que la Misa es el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio y llevarlas a gozar de su santísima gloria.

26.  San Lorenzo Justiniano dice: :Más agrada, al Altísimo Dios el sacrificio de la Misa que los méritos de todos los Angeles.

27.  Eugenio Papa dice: Que más aprovecha para la remisión de la culpa y pena, oír una Misa que todas las oraciones de todo el mundo.

28.  El Concilio de Trento: Que por el santo sacrificio de la Misa se aplaca Dios, y concede la gracia y don de penitencia.

29.  El santo sacrificio de la Misa, dice San Francisco de Sales, es el sol de los ejercicios espirituales, el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la Religión.

  Y, por conclusión, dice el angélico Doctor Santo Tomás de Aquino: Que los efectos que causa el santo sacrificio de la Misa y el oírla son los siguientes:

Resiste a los malos pensamientos.

Destruye los pecados.

Mitiga el aguijón de la carne.

Da fuerza al alma para batallar contra los enemigos.

Perdona los pecados veniales.

Purifica, limpia y purga el corazón.

Alienta a obrar bien.

Aumenta la castidad.

Acrecienta el fervor de la caridad.

Da fuerza para sufrir, las cosas adversas y llena el alma de todas las virtudes.

 

  Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo Dios todos son por la sagrada muerte y pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se representa en el santo sacrificio de la Misa.

   Este impreso fue hallado entre los papeles del Beato Fr.  Diego José de Cádiz.  

 

 

  SIGNIFICADO DE LAS VESTIDURAS Y DE LOS PRINCIPALES OBJETOS

QUE SE EMPLEAN EN LA SANTA MISA

 

Sacerdote con las vestiduras sagradas representa a Jesucristo Nuestro Señor en su Sagrada Pasión.

El Amito o lienzo que se pone en la cabeza, significa aquel asqueroso paño con que los soldados taparon a Jesús los ojos, cuando dándole crueles bofetadas, le decían: Adivina quién te ha pegado.

El Alba representa aquella túnica blanca que mandó Herodes poner a Jesús en señal de que lo tenía por loco.

El Cíngulo significa la soga con que fue atado en el huerto de Getsemaní cuando lo prendieron.

El Manípulo significa la cuerda con que fue atado a la columna cuando lo azotaron.

La Estola nos recuerda la soga que le echaron al cuello cuando lo llevaban preso de una parte a otra.

La Casulla representa la clámide o manto púrpura que por escarnio le pusieron, cuando, coronado de espinas y con una caña en la mano, le trataban como rey de burla.

El Altar representa el Calvario; El Ara, la cruz en que Jesucristo murió; Las Corporales, la sábana con que fue amortajado; El Cáliz, sepulcro en que se le colocó después de muerto; y la Patena, la losa con que cerraron la entrada del sepulcro.

Los colores de la Liturgia: El morado que simboliza la penitencia y la humildad, se usa durante la Cuaresma, la Semana Santa y en los cuatro domingos de Adviento. El verde simboliza la esperanza, la palabra verde proviene del latín viride, que significa fresco, lozano o floreciente. Este color se usa en el tiempo ordinario, que son los días en que no se celebra el ministerio público de Jesús. El blanco simboliza la pureza y la alegría. Se utiliza en el tiempo de Navidad y Pascua y para las fiestas de la Ascensión de Jesús y la Epifanía. También se usa en las festividades de la Virgen María, de los ángeles y de los santos que no fueron martirizados. El rojo simboliza el fuego, la sangre y la realeza. Se usa durante la Pasión y en los días en que se conmemoran la muerte de los mártires, los apóstoles y los evangelistas. También se usa en Pentecostés, al simbolizar el descenso del Espíritu Santo.

 

 

 

JESÚS NOS EXPLICA

 

 

 La participación de Mi Madre en el Misterio de la Cruz es único en la historia del género humano y también en la historia del cielo. Mi Madre en la cima del Calvario ofreció al Padre, la Víctima pura y santa, el Cordero de Dios; su hijo y con el Cordero se ofreció a sí misma.

 

Ella también es víctima por los pecados. Presente, consciente, copartícipe, no sufrió la acción, pero junto a su Hijo Divino, fue verdadera protagonista del drama de la redención en la que se centra la historia del género humano. En este doble ofrecimiento, que se renueva en cada Misa, está la acción por la cual el sacerdote es verdaderamente tal. Nunca el sacerdote es tan sacerdote, como cuando, junto a Mí, me ofrece a Mí mismo y así mismo al Padre. Por esto la Virgen es corredentora.

 

 Para realizar este ofrecimiento mi Madre ha debido anonadarse enteramente a sí misma. La víctima se destruye, la víctima se consume. Ella ha debido destruir su corazón de Madre santa y pura, la más santa entre todas las madres.


Ha debido sacrificar e inmolar todo sentimiento suyo, ha debido y querido repetir su “fiat” y, como Jesús y con Jesús ha dicho: “no se haga, oh Padre, mi voluntad sino la tuya”.


Sólo un amor indescriptible, incomprensible, un amor sin dimensiones humanas la ha hecho capaz de tan grande prodigio.


Mi Madre, ha testimoniado a Dios y a los hombres la más grande prueba de amor que consiste en sacrificar no la propia vida, sino la vida de Aquel a quien más se ama.

 

  Por lo tanto el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente; se perpetúa en el Santo Sacrificio de la Misa" Se desconoce que junto a Mí, que estoy presente en la Hostia consagrada, está Mi Madre como en el Calvario, que ofrece al Padre, al mismo tiempo que a Mí, también a sí misma.

 

 En el momento de la consagración, se repite el prodigio de los prodigios: se realiza la Encarnación, de Mí, Verbo de Dios. En ese momento se provoca la intervención de la Santísima Trinidad. La Virgen con su Fiat, provocó la intervención simultánea:

 

 Del Padre que creó en Ella el alma humana de Mí, Verbo.

De Mí, Verbo que me uní al alma creada por el Padre.

Del Espíritu Santo, causa eficiente de mi virginal concepción en el seno purísimo de María.

 

 Entre las manos del sacerdote celebrante, en el momento de la Consagración, se renueva realmente el Misterio de la Encarnación.

 

En el Sacrificio de la Cruz estuvieron presentes María y Juan, ambos estás presentes también en cada Misa que se celebra:  La Santísima Virgen y San Juan (representado por el sacerdote celebrante).

 

 

 

PROMESAS DE CRISTO A SANTA GERTRUDIS PARA AQUELLOS QUE PARTICIPAN EN LA SANTA MISA

 Gracias obtenidas por asistir a la Santa Misa.


 


1. La Misa es la continuación del Calvario.


2. Cada Misa vale tanto como la vida, sufrimientos y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ofrecidos en sacrificio.


3. La Santa Misa es el acto de desagravio más poderoso para expiar los pecados.


4. A la hora de la muerte, el consuelo más grande del alma consistirá de las Misas oídas en vida.


5. Cada Misa bien oída nos acompañará hasta el Tribunal Divino, suplicando perdón.


6. En la Santa Misa, según el fervor con que se asiste, se puede disminuir en grado mayor o menor, la pena temporal debida por los pecados.


7. Al asistir devotamente a la Santa Misa, se rinde el más grande homenaje a la Sagrada Humanidad de Nuestro Señor.


8. En la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo ofrece expiación y desagravio por muchas omisiones y negligencias nuestras.


9. En la Santa Misa, Jesucristo perdona los pecados veniales que todavía no se han confesado. Además se disminuye el poder de Satanás sobre el alma.


10. Al asistir a la Santa Misa se proporciona a las almas del Purgatorio, el alivio más grande que sea posible.


11. Una Misa bien oída durante la vida, será de más provecho al alma, que muchas que se ofrecieran para su reposo después de la muerte.


12. Por asistir a Misa, el alma se preserva de peligros, desgracias y de calamidades, que de otro modo hubieran sucedido. Además, se abrevia o reduce la duración de su Purgatorio.


13. Cada Misa bien oída obtiene para el alma un grado más elevado de gloria en el Cielo.


14. En la Misa se recibe la bendición del sacerdote que Nuestro Señor ratifica en el Cielo.


15. En la Misa se arrodilla entre una multitud de los santos ángeles, que están presentes en actitud de profunda reverencia, durante el sacrificio adorable de la Santa Eucaristía.


16. En la Santa Misa se reciben bendiciones para todos los bienes y empresas temporales.

 

 

Y por último, al que oiga o celebre la Santa Misa con devoción, se le otorgan 30.800 años de indulgencias, las que pueden ser aplicadas a los difuntos.


 

A. M. D. G.

 

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