MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE

 

 

¿Para qué nací? Para salvarme

Que voy a morir… es infalible

Dejar de ver a Dios, y condenarme,

Dura cosa será, pero posible.

Posible, ¿y tengo ánimo de alegrarme?

Posible, ¿y tengo amor a lo visible?

¿Qué hago? ¿En qué me empleo?

¿En qué me encanto?

O yo soy loco, o debo ser un santo.

 

 

Retírate a un lugar tranquilo y allí, olvidando a todas las criaturas, arrodíllate en presencia de un crucifijo, y hace las reflexiones siguientes:

Imagínate que ha llegado la hora de tu muerte; que tu Angel Custodio viene a decirte, como en otro tiempo el profeta a Ezequías: ¡ Tu tiempo ha concluido, arregla tus cosas, vas a morir!

No tengas miedo al familiarizarte con el pensamiento de la muerte: mientras más pienses en ella, más se disminuirá el horror con que ahora la ves. Lejos pues de rechazar esta idea, procura penetrarla vivamente y repite en tu interior: ¡Yo he de morir!

 

Primera reflexión.

¡Yo he de morir! Es decir:

Lo dejaré todo, todo sin excepción. Dejaré a mis padres, a mi familia y les daré un eterno adiós. Dejaré mi casa, mis muebles, mis intereses, todo cuanto me pertenece… lo dejaré absolutamente todo, aún aquellas cosas que más amo. ¿Te llenas de espanto, alma mía, al pensamiento de tan total abandono? Mas no hay remedio, porque has de morir. ¡Qué locura apegar el corazón a lo que tan luego ha de pasar! Mucho sacrificio me ha costado el adquirir lo que poseo, y todo lo he de abandonar. ¡Yo he de morir, es decir, mi alma se separará de mi cuerpo, y desde ese momento será solo un objeto inoportuno del que muy pronto querrán verse libres mis parientes y amigos…. Se le sepultará en la tierra…y allí ¿Qué vendrá a ser este cuerpo que hoy tanto me preocupa?…¿Qué vendrán a ser estas manos, estos pies, esta cabeza? ¡Cuán insensato soy al lisonjear tanto lo que muy pronto no será más que un puñado de gusanos y cenizas! ¡Qué loco soy al exponer por tan vil cosa mi alma y mi eternidad!…. ¿Habrá quién entonces se acuerde de mí? ¡Ah, se piensa tan poco en los que se mueren!¿ Qué caso se hace ya de mis parientes y amigos a quienes yo vi morir? ¡Cuán poco vale la estimación de los hombres! Yo he de morir, es decir…

Mi alma comparecerá ante el tribunal de Dios. ¡ Oh momento terrible! Hallarme sólo en presencia de Dios.. ser interrogado sobre toda mi vida por un Dios soberanamente justo y sabio, enemigo eterno del pecado y en aquel momento juez severo y terrible!(Nuestro Señor Jesucristo ha prometido a quienes recen la Corona de la Divina Misericordia: " Y en la hora de la muerte, para ellos no seré Juez, sino Redentor").

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  2.  

Segunda reflexión

¿Cuánto tiempo más viviré?

No lo sé; se muere en toda edad… ¿Tendré yo el tiempo suficiente para prepararme para la muerte? Tampoco lo sé… Yo sólo sé que muchas personas, aún después de una larga enfermedad, se mueren cuando menos lo esperaban. ¿Recibiré los últimos sacramentos o moriré sin confesión? No lo sé. Piensa que la hora de la muerte es de todo punto desconocida e incierta; así te asegura Jesucristo Nuestro Señor. No sabes si vivirás diez, veinte o treinta años, pero ¿Viviré el mes que empiezo o moriré antes de poder hacer otra vez esta meditación? No lo sé. Quién sabe si algún día me dormiré quieto y reposado y no despierte si no en el tribunal de Dios, como ha sucedido a muchos. Moriré de un accidente, de cáncer, de un alimento dañino o por mano de algún asesino? No lo sé. ¿No ves cuantas experiencias de casos semejantes se ofrecen diariamente? ¿Y no podría sorprenderte la muerte aun ahora mismo mientras lees estas líneas?

Y si te sucediera este caso ¿Qué quisieras haber hecho? ¡Ay podría suceder sin duda; mira pues cómo te hallas, pregúntate: ¿ Estoy en gracia de Dios… o en pecado? ¿Qué pasiones me dominan? La lujuria, la avaricia, la gula, la envidia, los afectos desordenados o la pereza para encomendarme a Dios o cumplir mis obligaciones? ¿Qué uso hago de mis bienes? ¿Cumplo con las obras de misericordia? ¿Cómo me conduzco con los de mi casa y con el prójimo? ¿Me domina la soberbia? Llegará la hora de la muerte, porque si he de morir, y entonces quisiera haber sido humilde; ¿Por qué no empiezo a ejercitarme desde ahora en esta bella práctica? ¿Qué es lo que me detiene? El mundo, el respeto humano. ¿Acaso los hombres me aseguran la felicidad eterna?

 

Tercera reflexión

No se muere más que una sola vez.

Acuérdate que la muerte es única, es decir, que no morirás más que una sola vez, y de ésta depende un bien infinito o un mal espantoso y eterno; y esto también es cierto, es de fe, tú lo sabes y conoces bien. ¡Qué locura tan grande no prepararse con tiempo! Si después de esta vida no hubiese infierno ni paraíso. ¿Podría pensarse menos de lo que se piensa? Por este olvido insensato se lleva una vida desarreglada. Si quieres vivir bien, trata de pasar los días que te quedan en el pensamiento de la muerte.

El recuerdo de la muerte despoja el corazón de todos los objetos terrenos. Y en efecto, pensando en la muerte es como todos los Santos han despreciado los bienes temporales. ¡Qué descuido tan injustificable el no pensar en que hemos de morir! ¿Eres tú de esos que dejan para después, para la vejez, el arrepentimiento de las culpas cometidas? ¿Sabes si Dios te dejará tiempo para llorar con amargura de corazón las ofensas que les has hecho?

Arregla tu vida con premura, no sea que la muerte venga a sorprenderte. Quién sabe si la tienes cercana. Quién sabe si mañana no tendrás tiempo. ¿No te espanta el cuadro de tu vida pasada? Los días que has perdidos, pasándolos olvidado de Dios, entregado a los placeres del mundo, ¿no te remueve la conciencia? Esos días no volverán....jamás los recuperarás. Tenlo bien presente.

 

 Para ver el video debe esperar que termine la música o detener la página, arriba donde hay una "X".

 

Video Musical realizado por los autores de este portal.

 

"Nada te turbe"

Canta Tere Larraín

 

 

 

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