Las cuatro llaves de oro o luces de salvación

 

 

 

 



    María Santísima dice: Hijos míos: hoy, fiesta de mi Inmaculada Concepción, deposito en vuestras manos cuatro llaves de oro, llaves de oro que os abrirán las compuertas del Reino de los Cielos. Estas cuatro llaves de oro son cuatro luces de salvación.

 

 

Hijitos míos:

 

 


La primera llave que entrego en vuestras manos

 es la llave de la Santa Eucaristía

 

 

 


    Hijos míos, id y deleitaos frente a Jesús en este gran misterio de amor. La Santa Eucaristía es revivir la pasión, crucifixión, muerte y resurrección de mi Hijo Jesús. Allí, Él, desciende desde el cielo y el cielo se une con la tierra, que es la oración más perfecta, la oración en la cual podéis conseguir todo. Allí, en el Santo Sacrificio de la Misa la Iglesia Triunfante se une con la Iglesia Militante; por eso, hijitos míos, no faltéis a la Santa Misa todos los Domingos y fiestas de guardar. Pequeñitos míos, el enemigo intenta a toda costa destruir este Misterio Eucarístico, esta invención de Amor porque sabe que es la reserva del cielo que está en todos los Sagrarios de la Tierra.

 

 

    Si podéis ir, id a la Eucaristía todos los días. Es el regalo más grande que Dios haya hecho a toda la humanidad. Un día sin Eucaristía es un día perdido, hablo para todos vosotros: sacerdotes, consagrados y laicos que deseáis vivir en santidad, almas Eucarísticas que deseáis saciar vuestra hambre y vuestra sed del Cuerpo y de la Sangre de mi Hijo Jesús.

 

 

    Recordad, mis pequeños, que quien come su Cuerpo y bebe su Sangre, Jesús permanece en él y tiene vida eterna. La Eucaristía os da fortaleza en vuestros momentos de debilidad. La Eucaristía sana vuestro cuerpo, vuestro espíritu de cualquier enfermedad. La Eucaristía es el regalo que Dios ha puesto a toda la humanidad. Pero, cómo son los hombres de dura cerviz, cómo son los hombres de estultos, cómo son los hombres de apocados que desprecian este manjar del cielo para comer algarrobas, para alimentarse de salvado, alimentos que se les da a los cerdos.

 

 

    Vosotros, hijos míos, reaccionad, ya es hora que despertéis del sueño letargo, ya es hora que pongáis vuestros pies sobre la tierra, ya es hora que os convirtáis, ya es hora que dejéis vuestra vida de pecado, ya es hora que os salgáis de las falacias que os ofrece el mundo, de las aparentes felicidades, de la aparente paz que el mundo os suele regalar, cuando realmente os da y os acrecienta más vacíos en vuestro corazón.

 

 

   Hijos míos: id a la Eucaristía, alimentaos de su Cuerpo y de su Sangre, confesad vuestros pecados para que vuestro corazón adquiera la lozanía, la hermosura del corazón de los Santos Ángeles y la candidez del corazón de los niños, porque quien come y bebe el Cuerpo de Jesús en pecado está comiendo y bebiendo su propia condenación. Id, hijos míos, al Milagro de los milagros. Id y uníos a la adoración de la Iglesia Triunfante, a la adoración de la Iglesia Militante, a la adoración de la Iglesia Purgante.

 

 

   Hijos míos, la Eucaristía es el regalo que Dios ha puesto en vuestras manos. No os perdáis de esta llave de oro que os abre las puertas y las compuertas del cielo. Hijos míos, sed perseverantes en la asistencia de la Sagrada Eucaristía. Cuando estéis allí, concentraos. Cuando estéis allí, evitad todo tipo de distracción. Unid vuestro cuerpo, vuestra alma y vuestro espíritu en adoración y en alabanza y en gloria al Misterio Trinitario de Dios, tres Personas en una sola.
 


 La segunda llave de oro que entrego en vuestras manos

 es la llave del Santo Rosario

 

 


    Oradlo diariamente meditando en sus misterios salvíficos de amor. El Santo Rosario son rosas de distintos colores que recibo de vuestras manos. Rosas que planto en el jardín florecido de mi Inmaculado Corazón, las cultivo con amor y os las devuelvo convertidas en gracias y bendiciones.

 

 

    Hijos míos, el Santo Rosario es el arma poderosa con el cual debilitáis las fuerzas de Satanás que es la cadena de oro con la cual se atará en este final de los tiempos.

 

   Con el Santo Rosario seréis fortalecidos en vuestros momentos de prueba y de tentación.

  Con el Santo Rosario vuestra alma y vuestro espíritu brillarán con la luz de Cristo crucificado y de Jesús resucitado.

  Con el Santo Rosario iréis tejiendo una corona de distintos colores, corona que ceñiré en vuestros cabezas el día que seáis llamados por Dios.

 

 

    El rezo del Santo Rosario es un arma prodigiosa de amor, arma con la cual seréis defendidos de Satanás y sus secuaces. Hijos míos, hijos míos, contemplad diariamente la corona completa del Santo Rosario. Las almas que tienen más lucen el cielo fueron almas que en la tierra rezaron, meditaron el Santo Rosario.

 

 

   El Santo Rosario os dará un puesto de predilección en el Reino de los Cielos. El Santo Rosario es mi oración predilecta. Mis ojos se abren con dulzura, con amor sobre todas las almas que rezan diariamente esta hermosísima oración. Hijitos míos, para entrar en el Reino de los Cielos debéis orar muchísimos rosarios. Enseñad a los niños esta bellísima oración. Invitad a las familias a que volváis al rezo del Santo Rosario en comunidad, formad cenáculos, grupos de oración en los que se medite la corona completa de los misterios del Santo Rosario. Un alma devota del Santo Rosario es un alma que se está asegurando en vida la salvación en la eternidad.


    Un alma devota del Santo Rosario es un alma que va adquiriendo mis virtudes, virtudes que hicieron que el Padre Eterno colocase sus ojos de misericordia en mí por ser la Madre del Salvador. Un alma devota del Santo Rosario va perdiendo sus rasgos humanos y se va divinizando, se va divinizando porque el pecado le produce nauseas, el pecado le produce horror porque es conocedor, es sabedor, porque su conciencia se va iluminando acerca del horror del infierno.

 

 

   Un alma devota del Santo Rosario es un alma que vive en santidad, un alma que va adquiriendo la luz de Cristo Resucitado. Hijos míos: todas las almas que rezan diariamente el Santo Rosario, son almas que resguardo en uno de los Aposentos de mi Inmaculado Corazón y le enciendo fuego con la llama del Amor Santo que bulle dentro de Mí.

 

 

    Guardad esta segunda llave de oro que he puesto en vuestras manos, guardadlas en la profundidad de vuestro corazón. Estad bien atentos para que no se os extravíe. El demonio huye de los hogares, de las familias donde se rece diariamente el Santo Rosario. Las almas que lo oren devotamente son almas protegidas y asistidas por mi Maternal protección.

 


La tercera llave de oro es el Santo Escapulario

 

 


    Llave de oro que se la entregué a mi hijo amado Simón Stock. Esta llave de oro hace que salgáis prontamente del purgatorio, estado de purificación por vuestros pecados cometidos en la tierra. El Santo Escapulario os identifica como mis seguidores, como hijos que se preocupan en agradarme, como hijos matriculados en mi escuela Maternal.


    Hijos míos, el Santo Escapulario es la llave de oro que hace que descienda en el momento de vuestra muerte y os ayude en el buen morir. Es la llave de oro que hace en el momento de vuestra muerte os presente ante mi Hijo Jesús y os pida indulgencia para con vosotros. Que el Santo escapulario siempre os acompañe. Hijos míos, no desechéis esta llave de oro, llave que os abre la puerta principal del cielo y os adentra al goce y deleite de una de sus moradas. Llevadlo siempre con vosotros y el enemigo también huirá de vosotros y no podrá haceros daño. 

 

 


La cuarta llave de oro es la llave del Santo Vía Crucis

 

 


    Si hacéis el Santo Vía Crucis os unís al padecimiento de mi Hijo Jesús en el monte Gólgota. Orad, meditad en el Santo Vía Crucis. Que esta devoción siempre os acompañe. Hijos míos, esta es una llave que os va purificando en la Tierra para que más fácilmente adentréis en el cielo. Esta llave de oro, es una llave que os va puliendo, os va dando perfección, os va colocando en vuestro corazón repugnancia por el pecado. El Santo Vía Crucis siempre acompañó a los grandes santos que gozan de un nivel bien elevado en los cielos. Hijos míos, meditadlo, oradlo y llevadlo siempre consigo en vuestro corazón. Os amo y os bendigo, hijos amados. Amén
 Amén.


 

 

 

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