LOS DIEZ APÓSTOLES Y LOS HIJOS DEL TRUENO

   Muchas veces olvidamos cómo los apóstoles se entregaron en vida y alma a Jesús, y como sufrieron por seguir a Cristo. Muchos de ellos en cumplimiento de su misión apostólica murieron brutalmente, aceptando el martirio impuesto por los hombres, por el solo hecho de predicar la palabra de Dios. Aquí les presentamos rasgos poco conocidos de estos admirables santos, quienes tuvieron la misión de ser los primeros en divulgar el Nuevo Testamento no solo al pueblo judío sino también a los gentiles. Fueron los sólidos cimientos de nuestra Santa Iglesia Católica.

   La mayor parte de los apóstoles tenían dos nombres, el segundo les había sido impuesto por Jesús. Esto engendraba alguna confusión, pues a veces el nombre dado a uno resultaba ser el nombre original de otro. Entre los doce había tres que gozaban de la mayor confianza de Jesús. Eran Pedro y los hermanos Santiago y Juan.

 

                             Andrés

   De baja estatura, moreno y nervudo. Era de Cafarnaún. Su hermano mayor era Pedro y lo llamaba "Padre Pedro" desde que Jesús lo nombro jefe de los demás. Nunca se le veía comenzar una conversación. Se decía en broma, que jamás abría la boca sino para preguntar. Entre los pescadores de Galilea se hablaba de su valor en las tormentas. Tenía una enorme fe y había sido discípulo de Juan Bautista. No se sabe la fecha de su muerte, pero se sabe que murió crucificado en una cruz en forma de aspa.

 

 

Bartolomé

 

     Alto, delgado y guapo, era el que más elegantemente vestía. Tenía un aspecto muy distinguido con cabello negro que le caía en gruesos rizos, y barba rubia. Había nacido en Caná y su padre le puso por nombre Natanael. Era viñatero. Era sencillo y se le hacía fácil creer historias tristes y conmoverse hasta llorar. Su mejor amigo era Felipe. En el futuro habría de predicar en Persia y allí le desollarían vivo.

 

 

Felipe

Era el más jovial. Era bajo, moreno, y a su modo de ver el largo viaje de la vida hasta el cielo era una experiencia muy gozosa. Vivía en Betsaida, en Galilea. Tenía mujer, tres hijas y una hermana, Marianne. Era, como los demás, simple y crédulo, pero era chistoso y gregario.

 

 

Santiago de Alfeo ( no confundir con Santiago hermano de Juan)

   Más adelante se llamaría Santiago el Menor, o Santiago el justo. Era tímido hasta la exageración. Cuando hablaba apenas le salía un susurro. Era el más bajo de todos. Su padre se llamaba Alfeo, se piensa que su hermana, María por nombre, era hermana o prima de la Madre de Jesús, quien, al referirse a él, le llamaba siempre "hermano". Santiago tenía un gran afecto al Señor, pero tuvo sus dificultades en creerle el Mesías. Era mayor que Jesús y le había conocido desde la infancia. Era muy estricto en el cumplimiento de la ley. Nunca tomaba vino, ni cerveza, ni carne (excepto cuando lo ordenaba la ley); no se bañaba, ni se ungía el cabello con perfumes. Era tal su costumbre de orar que en las rodillas se le habían formado callos.

 

 

Judas Tadeo

   Era primo de Jesús. No era una figura prominente entre los apóstoles y se sabe poco de él. Muchos creen que era hermano de Santiago de Alfeo, y otros creían que era hijo de Santiago. Era un hombre tranquilo, casi introspectivo, y, sin embargo, en los años venideros predicaría el Testamento de Jesús con violenta pasión en Arabia, Mesopotamia, Persia y Siria, donde al final fue martirizado.

Simeón el Zelote

Se le llamaba también Simón Cananeo. No se sabe como era, ni que lugar ocupaba entre los apóstoles. Se cree que predicó en Persia y en Egipto. En edad todos eran algo más jóvenes que Jesús, que andaba por los treinta. Si también Simón los tenía, le quedaba mucha vida por delante, pues fue muerto el año 107 mientras evangelizaba en Egipto.

 

 

Santo Tomás apóstol

Tomás

Pesimista declarado. Estaba seguro que pocas cosas sucedían para bien. Podía entusiasmarse con la muerte. Una vez, cuando Jesús les dijo que iba a Jerusalén, donde se estaba tramando contra su vida, Tomás respondió alegremente: "¡Vamos también a morir con él !".

Tenía un hermano gemelo y le llamaban con estas palabras en griego "Dídimo". Había trabajado de carpintero en Galilea y en los primeros días del apostolado se solía sentar con Jesús al atardecer, discutiendo el maderamen de las casas o la construcción de los muebles. Su devoción para con Jesús no se puede pintar ni recurriendo a los mayores superlativos.

 

 

 

Mateo

Tenía una personalidad atrayente. Había sido publicano o recaudador de impuestos y la gente de su pueblo le consideraba pecador e impuro porque trabajaba para el César. Originalmente se llamaba Leví, y estaba empleado en las aduanas de la costa del mar de Galilea en las afueras de Cafarnaún. Allí cobraba los impuestos legales sobre todo lo que se desembarcaba, desde los utensilios de hierro traídos desde la otra orilla, al pescado cogido en las redes en alta mar. Pasando por allí Jesús miró a Leví y le dijo: "¡Sígueme!" El agente del fisco dejó al punto su carrera y se convirtió en apóstol. El Mesías le cambió el nombre y le llamó Mattyáh (don de Yahveh). El nuevo Mateo, con la barba cuidada, el cabello perfumado, impecablemente vestido, compañero culto y simpático que podía hablar y escribir hebreo, y que había asistido a las mejores escuelas rabínicas, pidió a Jesús si le permitía organizar un banquete en su honor antes de salir de Cafarnaún. Jesús accedió y en la fiesta se sentó con muchos "pecadores y publicanos". Los fariseos de Galilea utilizaron esto contra él, diciendo que Jesús no tenía cuidado de con quien comía..

A Mateo le fue difícil el prescindir de aquellas vanidades y de la comodidades a las que estaba acostumbrado, pero lo hizo. Podía recitar de memoria, y al pie de la letra, gran parte de la Sagrada Escritura y tenía singular pasión por la genealogía y por las fechas.

 

 

San Mateo

 

Judas Iscariote

Era bajo y cetrino y el cabello le caía en rizos negros. Su nombre no era Iscariote, era Judas ish Keriot (Judas varón de Keriot). Su padre era Simón ish Keriot. Bajo sus blancos vestidos llevaba un delantal de cuero con dos grandes bolsillos en lo que llevaba el dinero. A veces también se le veía llevando una arqueta bajo el brazo. Sus ocupaciones le habían hecho duro y tacaño. Pensaba que todos debían rendirle cuentas de cualquier dinero entregado, mientras que él no se tenía por obligado a rendir cuentas a nadie sobre lo gastado. Aunque procedía de la parte montañosa de Judea y su familia no era de las más observantes de la ley, afectaba un aire de superioridad para con los galileos.

 

Santiago el Mayor (hermano de Juan)

 

 

Los hijos del trueno (Santiago y Juan)

  Entre las muchas mujeres de buena posición que contribuían a la obra de Jesús, estaba Salomé de Betsaida. Tan firmemente creía, que dio para el apostolado a sus dos hijos Santiago y Juan, y ella misma seguía a veces a pie a Jesús en sus peregrinaciones. Su marido Zebedeo, era un rico pescador de Galilea con una gran casa y criados y tenía a sueldo a otros marineros para que trabajasen en sus barcos. Era muy respetado y conocido. Su atributo más característico eran sus explosiones de genio, que procuraban no provocar quienes lo conocían. Cuando Jesús llamó la primera vez a Santiago y a Juan, se hallaban éstos trabajando en la barca con su padre, y ellos dejaron las redes y siguieron al punto a Jesús. Esto hizo prorrumpir a Zebedeo en un cúmulo de imprecaciones y de gritos.

 

De los dos hijos, Juan era el preferido de Jesús ( era también el menor de los doce). Era tratado como a un hijo que casi siempre tenía el poder de hacer aparecer una paternal sonrisa en el rostro del Maestro. Juan había heredado algo del genio violento de su padre y deseó en una ocasión que bajara fuego del cielo para consumir a un pueblo samaritano que había rechazado una visita de Jesús.

Santiago, el hermano mayor, era otro de los tranquilos. Hablaba raras veces, y siempre con mesura. Su cualidad más característica era un alto sentido de la equidad. De todos los apóstoles era el que estaba destinado a morir primero ( sólo 12 años después de la Ultima Cena), y el único que lo había de hacer en la misma ciudad que su maestro, en Jerusalén.

Jesús con frecuencia se refería a Juan y Santiago como los "Boanergues", los hijos del trueno. No era que ellos fueran más bulliciosos que los demás, sino por la explosión de ira que su padre tuvo cuando les vio marcharse tras Jesús, abandonando las redes y la barca. De aquí el sobrenombre: " hijos del trueno".

 

San Juan Evangelista

 

Pedro

Era un pescador alto y fornido con una voz profunda que le salía de un corazón generoso. Con frecuencia carecía de tacto, y más de una vez tuvo Jesús que pararle diciéndole:  "¿ A ti que te va ? Era dado a hablar sin pensar antes y con demasiada frecuencia las palabras le salían del corazón y no de la cabeza. Era impetuoso. Cuando por ejemplo comenzó a caminar sobre las aguas hasta que se le ocurrió preguntarse por qué razón sobrenatural estaba haciendo aquello, entonces empezó a hundirse pidiendo auxilio. Se le llamaba Simón Pedro y Simeón. Jesús le había dado, probablemente en Arameo el nombre de Kefas y éste traducido al griego da Pedro, roca, piedra. Originalmente se llamaba Simeón bar Jona, el hijo de Jonás. Estaba casado y vivía en una buena casa en Cafarnaún con su mujer, su hermano Andrés que pescaba con él y su suegra.

Cuando le reclutó Jesús a la orilla del lago le prometió que le haría "pescador de hombres". Más adelante, un día le dijo: "Tú eres Pedro (roca) y sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella". Jesús confirió también a Pedro poderes enormes, casi ilimitados cuando le dijo: " Te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que tú atares en la tierra será atado en el cielo, y lo que desatares en la tierra será atado en el cielo". En los años venideros Pedro habría de ser encarcelado tres veces; predicaría el Evangelio por todas partes, envejecería y quedaría achacoso, y según muchos moriría crucificado, obteniendo como gracia serlo cabeza abajo.

Su exclamación más hermosa, maravilla de fe y de humildad fue: " Tú lo sabes todo, Señor. Tu sabes que te amo".

 

 

Lo notable entre aquellos fieles apóstoles es que ninguno tenía nada de extraordinario. Los más, cuando encontraron por primera vez a Jesús, olían a pescado, no tenían buenos modales, educación ni inteligencia. Los doce vivieron con Jesús y viajaron con él durante la mayor parte de sus dos años de ministerio público.

 

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