ANOCHE CUANDO DORMÍA...

 

 

 

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

  Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era
Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

 Antonio Machado 

 

 

Cuando leímos este hermoso poema de Machado, de inmediato pensamos que quién lo habría soñado, sin lugar a dudas, no sería alguien que  estuviese cómodamente durmiendo en su habitación, sino más bien algún pobre, sin casa, que después de vagar por la ciudad durante todo el día habría buscado algún lugar para descansar, dormir y soñar. Debe ser preocupación nuestra que Cristo vague por las calles, con frío y sin alimentos, y sin un lugar donde guarecerse. Porque es Cristo quién está en cada pobre del mundo, ¡Sí; es Cristo que pasa y nos estira la mano todos los días. Como católicos que somos debemos preocuparnos de mitigar el dolor del prójimo. Si en vuestro país no existe una institución que los ayude, ¡fórmela!. Si existe, ayude con trabajo y dinero. No nos olvidemos de ellos, especialmente durante la noche. Por estas latitudes, un grupo de  jóvenes se preocupa de ellos, llevándoles  sándwich (emparedados), café y otros alimentos. En la noche de Navidad son muchas las familias que en vez de cenar cómodamente en casa pasan esa noche con ellos, los acompañan y los asisten material y espiritualmente. No olvidéis, Cristo está vivo dentro de cada pobre del mundo. Es nuestro deber como países buscar una pronta solución a este problema que azota al mundo entero. Recemos a Dios para que ilumine a nuestros gobernantes y este grave problema vaya disminuyendo de la faz de la tierra.

 

    Si, era a Dios a quién tenía dentro de mi corazón. De pronto el frío se terminó, y el cansancio del día también. Veía que me estiraba las manos, como llamándome. Corrí hacia Él, y  juntos nos fuimos hacia la cálida luz. Él me iba mostrando las distintas moradas. Era un lugar nunca antes visto. Paisajes magníficos, llenos de verde, árboles desconocidos y pájaros multicolores. Ya no  tenía frío y tampoco hambre. No se veía el sol, pero había mucha luz por todas partes. Después de mucho caminar, nos detuvimos, con un ademán me mostró un lugar especial. Se veía una enorme puerta que era custodiada por varios ángeles, la puerta se abrió para que nosotros pudiéramos pasar. Sonreí como nunca, por fin tendría mi Hogar soñado, aquel que había perdido, hace ya muchos años.

 

 

 

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