Adoptad espiritualmente a sacerdotes y seminaristas

 

 

 

 Amadísimos hijos, Soy Vuestra Madre Celestial quien os habla para deciros que oigo todas las plegarias que Me hacéis y que todas las considero, aunque hijos, no todas las puedo hacer efectivas porque Me pedís cosas que para nada os conviene. Yo, Vuestra Madre Celestial, os hablo.


Yo también os pido a vosotros hijos Míos, que no dejéis vuestra vida de piedad ni tampoco la mengüéis en nada. Tratad de cumplirla totalmente, aunque ello, os lleve un esfuerzo la mayoría de los días. Cuando no Me podáis rezar el rosario entero, rezad alguna parte o sustituirlo por alguna coronilla, que si de verdad vuestras obligaciones no os permiten rezar el rosario, el día que tengáis más tiempo y menos quehaceres, ese día, ofrecedme algo de más tiempo contemplando algunos misterios de Mi vida o de la vida de Mi Hijo desde Su Santa Infancia.


Hijos Míos, en la tierra fui esposa de San José y fui su primera devota. Pude ser testigo directo de la santidad y humildad tan grande que tenía. Os pido que no os olvidéis de él en estos tiempos de apostasía y tampoco en tiempos de tribulación, él es poderoso en el Cielo y debéis tener gran fe, porque está muy unido a Cristo que fue su hijo adoptivo en la tierra y Cristo no le niega nada al que tan bien y sumisamente le sirvió. 


Os pido que pidáis por los sacerdotes, por los que tratan de perseverar en su santo ministerio evitando los errores y excesos que hay hoy en muchos de sus colegas. Los verdaderos sacerdotes sufren grandes amarguras en sus almas porque ven cosas que les duelen inmensamente y en muchos casos tienen que callarlas, así también sucede con algunos obispos. Ayudadles con vuestras oraciones y presentadlos a Mi Inmaculado Corazón para que el mal que tan cerca está de ellos, no les alcance y lleguen al final de sus días en su santo y recto ministerio. Hijos Míos, adoptad espiritualmente a sacerdotes y a seminaristas, hacedlo con amor y ofreced por ellos oraciones, sacrificios, ayunos y sobre todo el rezo del Santo Rosario, sin olvidar, que la Eucaristía es lo mejor que podéis ofrecer por ellos. 

Acojo todo lo que ofrecéis de rezos, cánticos, propaganda, novenas promesas, estampas, todo lo acojo y os lo bendigo, para que la finalidad de todo ello sea para vuestro bien, el bien de las almas y de la Iglesia y para honra Mía. Yo, María Vuestra Madre, os hablo. La paz de la Santísima Trinidad os alcance a todos.
 

 

  

 

 

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