JESÚS

LA UNIVERSIDAD DE MI SAGRADO CORAZÓN

 AULAS DE  AMOR

 

 

CLASES PARA EL ALMA

 

 

 

 

 

 

 LA FE DE MARIA (Primera Parte)
 


Introducción.-

Amados niños, es mi deseo hacer a través de ustedes una Ciudad Santa y Profética. Primero, construirla con cimientos fuertes en sus corazones, en la Iglesia Particular o Individual, para que vuestra existencia sea un verdadero templo, donde resida Dios Espíritu Santo, una ciudad limpia, ordenada y brillante, adornada con las piedras y metales preciosos, de los más resplandecientes, que quien la mire quede obnubilado frente a su belleza inmensurable, es la misma Voluntad de Dios que reina y engalana a esa ciudad con los atributos de la Realeza Divina.


Luego expandir esa ciudad Santa y Divina fuera de sus corazones para llevarla a la familia, a la Iglesia Doméstica y desde ahí, hacia la Iglesia Comunitaria. Donde la voz de vuestro Señor llegue a todos los rincones de la tierra, que nadie quede sin escuchar Mi Buena Noticia, el tiempo está en los últimos minutos y urge salvar las almas pecadoras, son las más predilectas de Mi Divina Misericordia.


Pero para llegar a los corazones de manera certera es necesario que ustedes, mis Profetas, Mensajeros, Heraldos, Capitanes y Apóstoles de los Últimos Tiempos, os dejéis moldear por mí. En vuestras vidas queda mucho por enderezar y suavizar, mi mano del Divino Querer os irá transformando en suaves y delicadas vasijas, de la cerámica más fina y exquisita.


Yo construiré mi reino a través del Corazón Inmaculado de Mi Madre y por medio de Él convertiré los corazones de ustedes como el de mi amada Madre y desde ustedes llegar a todas las almas dispersas y a las que he depositado bajo vuestro cuidado.


A partir de este tiempo de cuaresma, seré vuestro Maestro que os enseñará a ser como María, es necesario dar un orden a lo que han aprendido durante sus vidas y expulsar aquello que no hace falta o está contaminado con las cosas del mundo. Por lo tanto, María será el modelo a seguir,
si son hijos de María, son mis hermanos e hijos míos también, y como tales debéis ser como Ella y como su Señor, así como nosotros somos el Nuevo Adán y la Nueva Eva, el deseo divino es que seáis nuevos Adanes y nuevas Evas para las generaciones futuras, según estaba previsto en la Voluntad Eterna, desde el principio.

 

Mis niños, ahora vamos juntos a ver las cualidades que la Divina Voluntad coronó a la Más Bella entre las Bellas, cualidades que serán peldaños de la escalera que conduce hacia la santidad. Una vez aprendidas y asimiladas mis enseñanzas, las pondrán en práctica y serán una comunidad inquebrantable, mansa y a la vez valiente en el amor de Dios acorde fueron llamados dentro de la Voluntad de Mi Padre.


Ahora, pasad a la Universidad de Mi Sagrado Corazón, ingresad a las aulas de Amor, tomad asiento, sacad los útiles, Yo seré vuestro Maestro en frente a ustedes. Entonces, sin demoras, comencemos las clases para el alma.


Hoy hablaremos de la Fe de María.-

Bien sabéis que la fe consiste en creer en aquello sólo porque Dios lo ha revelado. Para ello debéis someter vuestro juicio, vuestro parecer, sentidos y razón a la palabra de Dios, es decir vuestra propia voluntad. Es confiar porque Él lo dice y con eso basta para que creáis sin buscar ni desear más razón que esa.

 

¡Esta confianza en Dios denota el acto de fe, un salto de fe!  Este acto está lejos de la creencia mediante el entendimiento o la demostración con hechos humanos. Cuando la criatura confía ciegamente en su Señor sin interrogantes, depositando toda su existencia en las manos divinas, para Dios es tan agradable esta loable acción que se donará todo para ella, nada le negará y nada le restará, al contrario, le dará hasta de sobra. Pero también, debéis saber cuánto ofende la incredulidad de la criatura. La más mínima pregunta, fruto de la duda, será suficiente para ofender a la Voluntad Eterna, al mismo Dios.

 

La voluntad humana es la gran oponente a la Voluntad Divina, siempre está atenta a enfrentar lo bueno que Dios desea para el alma, considera los deseos eternos como esclavos, carentes de libertad, que Dios todo lo impone y esclaviza el libre accionar del hombre mediante la imposición de sus órdenes. Cuán errado está aquel que piensa de esa manera. Dios no impone a nadie Su Voluntad, sino espera que en el libre albedrío otorgado a la humanidad, voluntariamente se sumerja en el Divino Querer. Y una vez dentro del Querer Divino comprenderá y palpará la verdadera libertad.


Pensad seriamente cuando ofendéis a Dios, cuando no creéis en su palabra. Pondré un ejemplo para que entendáis la importancia de lo que os digo.

Meditad el daño que ocasionáis a una persona cuando dice algo que es verdad y no le creéis. Estáis dudando de su veracidad y juzgáis licenciosamente, lo tratáis como si no supiera lo que dice, por mentiroso o por ignorante. Esto aplica directamente al acto de fe divino.

 

Oh! Cuanto herís el Corazón de Dios con saetas ardientes de pecado y de ofensa tratando a Dios de mentiroso o ignorante. Ah! Amados niños, Nuestros Corazones Trinitarios sufren dolores de muerte cuando nos dirigimos a la criatura más amada y esta nos rechaza.

 

Nuestra Voluntad Divina es descalificada, no es recibida, la humanidad al cerrarle la puerta, ésta vuelve a nosotros en grandes dolores de la Pasión, que los Coros Angelicales más cercanos al Trono Celestial despliegan sus alas y lloran por nosotros para no vernos padecer ante la ingratitud del hombre. ¡Qué atrevimiento tan osado y horrible ha cometido la criatura más amada!


La fe amados niños, es una VIRTUD SOBRENATURAL, INFUNDIDA POR DIOS EN EL ALMA, cuyo objeto es el mismo Dios. Esta virtud es conocida por mi Iglesia como TEOLOGAL, la cual es dada para conocer a Dios no por medios del género humano, no por la razón, sino por la influencia de la Gracia Divina.

 

¿Pero cómo puede ser que en María, la fe se encontrara en el grado más elevado, más majestuoso y heroico?

Dios nada se guardó para Ella, tuvo una complacencia especial para que fuera Mi Madre, la Madre de Dios, y sirviera de modelo a la humanidad, Vaso Insigne de Devoción. Ella siempre creyó, sin dudas y sin vacilaciones, lo hizo con confianza en la Palabra de Dios.

Meditad esta primera parte, sobre vuestra fe, ponedla en la balanza de la Voluntad Eterna, pesadla y observad cuan sólida es.

En la segunda parte, pondré ejemplos de la fe de Mi Madre, la Soberana de Fe inquebrantable.

Asimilad todo lo que he dicho con palabras simples, compartidlas con vuestros allegados y grupos, instruidlos para que sean buenos alumnos y egresen en valerosos discípulos que gobiernen la Viña del Señor. Os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 LA FE DE MARIA (Segunda Parte)
 

Niños míos, ahora continuemos con la clase sobre la Fe de Mi Madre. Para dar continuidad y correlatividad con la primera parte daré algunos ejemplos.


Miremos el momento en que el Ángel se presentó a María, la Anunciación (San Lucas 26-33), allí es puesta su fe, que concebirá y dará a luz un hijo, al mismo Hijo de Dios.

Mi Madre, siendo Virgen e Inmaculada, ¿sería posible que fuera madre? En tales condiciones, frente a la razón humana y naturalmente es imposible. Pero mi Amada Madre no duda, al saber que es la Voluntad de Dios, cree en Él y acepta lo que el Ángel mensajero le dice.

 

Ahora bien, analicemos juntos la fe de Zacarías. El mismo Ángel se le presenta días antes que a María, le anuncia que nacerá el Precursor, la Voz en el desierto, San Juan Bautista. ¿Pero qué sucede con Zacarías al recibir el aviso? ¿Cómo podía ser posible en tan avanzada edad? La duda gana terreno, no cree en las palabras del Ángel, que siendo el mensajero del Altísimo, duda de las mismas palabras de Dios (San Lucas 1, 11-20).

 

Si comparamos las dos, la fe de Zacarías con la de Mi Madre, podemos decir lo siguiente, que al primero se le anuncia el nacimiento del Precursor del Mesías (San Juan 1, 6-7), al segundo se le anuncia el nacimiento del mismo Mesías. Sin embargo, Zacarías titubea y duda, pero María no duda ni titubea, cree al instante, cree en que Dios todo lo puede, cree en Su Santa y Divina Voluntad.

 

Miremos a Abraham, una fe inquebrantable y maravillosa ante la mirada de Dios, a igual que María. Una fe firme que encandila y enamora al mismo Creador. ¿Y sabéis el motivo? Porque confía plenamente, con toda su existencia, se entrega enteramente a la obra de Dios Todopoderoso.

 

 El Ángel de Dios le pide a Abraham que sacrifique a su único hijo y el sin dudarlo lo hace, a pesar que su corazón era traspasado por una espada de dolor, debía confiar en el Padre Eterno, ya que siendo el Creador de todo era dueño de quitar y dar la vida cuando Él quisiera, si su hijo era muerto podía darle la vida nuevamente (Génesis 22). ¡Ah!. ¡Qué fe niños míos!

 

Fe que aún nos deslumbra, nos maravilla y nos conmueve de amor, la Santa Trinidad fue herida por su propia Voluntad que habitaba en Abraham. Es Ella misma que nos empuja y nos mueve a no negarle nada a  la criatura que se confía con una fe firme en la Voluntad Divina.

 

Así deseo que sea la fe de mis hijos, mis mensajeros, así tengan un ejército frente a ustedes y sean uno solo para enfrentarlos, tened la seguridad de que Dios está con ustedes siempre. Abraham, se dispuso al sacrificio sin flaquear y por tal acto tan solemne y magnánimo, se mereció ser llamado “Padre de los Creyentes”.

 

Mi Madre, siendo pequeña escuchó, leyó y conoció el pasaje del acto de fe de Abraham, quedó tan obnubilada al ver lo que era capaz de hacer tan heroica persona y que su fe inmensurable en su Dios lo impulsaba a renunciar a lo que más preciaba, su propio hijo, que en realidad ese hijo era dado por el mismo Dios. Entonces, la pequeña Virgen aspiró tener la fe de Abraham y agradar tanto a Dios, que quiso seguir el mismo ejemplo.

 

Así como Abraham renunció a su primogénito, María renunciaría al suyo mediante el voto de la virginidad, sabiendo que lo que significaba ser Madre, renunciaba a tal título. En los días de María, entre las mujeres era el anhelo de ser madre del Mesías, pero Ella siendo tan pequeña y humilde se conformaba con ser la esclava de la Madre del Altísimo, una esclava de amor.

 

Dulce Niña y delicada flor, sin que lo supiera, nuestra mirada estaba puesta sobre Ella, sería Mi Madre.

 

¡Pero cómo no íbamos a honrar con el título más grande a una criatura humana tan pura, tan delicada y tan bella, que se dejaba acariciar y hamacar por Nuestra Voluntad Eterna y que nos enamoraba al verla!

 

Este título sería el más grande de todos, el de Madre de Dios. Renuncia a ser madre para complacernos con todo su amor, para agradar y amar a su Dios hasta el extremo, y como recompensa tan invaluable recibida de parte de María, enviamos al Ángel para anunciarle su gloriosa maternidad y Ella, sin vacilar por un instante, pregunta si esa es la Voluntad de Dios y apenas la reconoce, la abraza y se deja abrazar por Ella, cree firmemente en las palabras del Ángel (San Lucas 1, 34-38). No conoce como puede ser posible pero subordina y somete su razón y su parecer a la fe.


Hasta aquí, mis preciados niños y alumnos, meditad y comparad vuestra fe si es semejante a la de María y la de Abraham, si no es así, mirad vuestro interior y buscad aquello que os hace titubear.

 

En la tercera parte de esta enseñanza seguiremos profundizando la Fe de Mi Madre, al final del análisis de esta virtud entenderán la importancia de la misma.

 

Estos escritos son para traer a la memoria de aquellas enseñanzas olvidadas en las bibliotecas de mis templos, enseñanzas relatadas por los Padres y Tradición de la Iglesia. Enseñanzas que hoy no se tienen en cuenta, que son cosas del pasado, hoy todo es superficial sin los debidos recaudos y con la correspondida importancia que ello implica para el crecimiento espiritual del alma.

 

A ti mi niño mensajero y secretario, te encargo la tarea de hacer llegar estas enseñanzas a toda la humanidad, veréis los frutos de estos escritos, grandes santos y santas surgirán, serán de inspiración para tantas almas, crecerá en los corazones de muchos, los deseos de ser niños, hombres y mujeres de buena voluntad ante la mirada del Altísimo, siempre con la intención, obrar y servir al prójimo para Gloria de Dios.

 

 Ahora os doy la bendición, inclinad vuestras cabezas, os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Permaneced atentos para la próxima enseñanza.

Instrumento Gustavo, Buenos aires, Argentina.

 

 

Para la gente grande, para la tercera edad compártales el audio de la Primera Parte: Bajar

 

Audio Segunda Parte: Bajar

 

Texto Primera y Segunda Parte (pdf): Bajar

 

 

 

 

 

 

 

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