JESÚS

LA UNIVERSIDAD DE MI SAGRADO CORAZÓN

 AULAS DE  AMOR

 

 

CLASES PARA EL ALMA

 

 

 

 

 

 

 LA FE DE MARIA (Primera Parte)
 


Introducción.-

Amados niños, es mi deseo hacer a través de ustedes una Ciudad Santa y Profética. Primero, construirla con cimientos fuertes en sus corazones, en la Iglesia Particular o Individual, para que vuestra existencia sea un verdadero templo, donde resida Dios Espíritu Santo, una ciudad limpia, ordenada y brillante, adornada con las piedras y metales preciosos, de los más resplandecientes, que quien la mire quede obnubilado frente a su belleza inmensurable, es la misma Voluntad de Dios que reina y engalana a esa ciudad con los atributos de la Realeza Divina.


Luego expandir esa ciudad Santa y Divina fuera de sus corazones para llevarla a la familia, a la Iglesia Doméstica y desde ahí, hacia la Iglesia Comunitaria. Donde la voz de vuestro Señor llegue a todos los rincones de la tierra, que nadie quede sin escuchar Mi Buena Noticia, el tiempo está en los últimos minutos y urge salvar las almas pecadoras, son las más predilectas de Mi Divina Misericordia.


Pero para llegar a los corazones de manera certera es necesario que ustedes, mis Profetas, Mensajeros, Heraldos, Capitanes y Apóstoles de los Últimos Tiempos, os dejéis moldear por mí. En vuestras vidas queda mucho por enderezar y suavizar, mi mano del Divino Querer os irá transformando en suaves y delicadas vasijas, de la cerámica más fina y exquisita.


Yo construiré mi reino a través del Corazón Inmaculado de Mi Madre y por medio de Él convertiré los corazones de ustedes como el de mi amada Madre y desde ustedes llegar a todas las almas dispersas y a las que he depositado bajo vuestro cuidado.


A partir de este tiempo de cuaresma, seré vuestro Maestro que os enseñará a ser como María, es necesario dar un orden a lo que han aprendido durante sus vidas y expulsar aquello que no hace falta o está contaminado con las cosas del mundo. Por lo tanto, María será el modelo a seguir,
si son hijos de María, son mis hermanos e hijos míos también, y como tales debéis ser como Ella y como su Señor, así como nosotros somos el Nuevo Adán y la Nueva Eva, el deseo divino es que seáis nuevos Adanes y nuevas Evas para las generaciones futuras, según estaba previsto en la Voluntad Eterna, desde el principio.

 

Mis niños, ahora vamos juntos a ver las cualidades que la Divina Voluntad coronó a la Más Bella entre las Bellas, cualidades que serán peldaños de la escalera que conduce hacia la santidad. Una vez aprendidas y asimiladas mis enseñanzas, las pondrán en práctica y serán una comunidad inquebrantable, mansa y a la vez valiente en el amor de Dios acorde fueron llamados dentro de la Voluntad de Mi Padre.


Ahora, pasad a la Universidad de Mi Sagrado Corazón, ingresad a las aulas de Amor, tomad asiento, sacad los útiles, Yo seré vuestro Maestro en frente a ustedes. Entonces, sin demoras, comencemos las clases para el alma.


Hoy hablaremos de la Fe de María.-

Bien sabéis que la fe consiste en creer en aquello sólo porque Dios lo ha revelado. Para ello debéis someter vuestro juicio, vuestro parecer, sentidos y razón a la palabra de Dios, es decir vuestra propia voluntad. Es confiar porque Él lo dice y con eso basta para que creáis sin buscar ni desear más razón que esa.

 

¡Esta confianza en Dios denota el acto de fe, un salto de fe!  Este acto está lejos de la creencia mediante el entendimiento o la demostración con hechos humanos. Cuando la criatura confía ciegamente en su Señor sin interrogantes, depositando toda su existencia en las manos divinas, para Dios es tan agradable esta loable acción que se donará todo para ella, nada le negará y nada le restará, al contrario, le dará hasta de sobra. Pero también, debéis saber cuánto ofende la incredulidad de la criatura. La más mínima pregunta, fruto de la duda, será suficiente para ofender a la Voluntad Eterna, al mismo Dios.

 

La voluntad humana es la gran oponente a la Voluntad Divina, siempre está atenta a enfrentar lo bueno que Dios desea para el alma, considera los deseos eternos como esclavos, carentes de libertad, que Dios todo lo impone y esclaviza el libre accionar del hombre mediante la imposición de sus órdenes. Cuán errado está aquel que piensa de esa manera. Dios no impone a nadie Su Voluntad, sino espera que en el libre albedrío otorgado a la humanidad, voluntariamente se sumerja en el Divino Querer. Y una vez dentro del Querer Divino comprenderá y palpará la verdadera libertad.


Pensad seriamente cuando ofendéis a Dios, cuando no creéis en su palabra. Pondré un ejemplo para que entendáis la importancia de lo que os digo.

Meditad el daño que ocasionáis a una persona cuando dice algo que es verdad y no le creéis. Estáis dudando de su veracidad y juzgáis licenciosamente, lo tratáis como si no supiera lo que dice, por mentiroso o por ignorante. Esto aplica directamente al acto de fe divino.

 

Oh! Cuanto herís el Corazón de Dios con saetas ardientes de pecado y de ofensa tratando a Dios de mentiroso o ignorante. Ah! Amados niños, Nuestros Corazones Trinitarios sufren dolores de muerte cuando nos dirigimos a la criatura más amada y esta nos rechaza.

 

Nuestra Voluntad Divina es descalificada, no es recibida, la humanidad al cerrarle la puerta, ésta vuelve a nosotros en grandes dolores de la Pasión, que los Coros Angelicales más cercanos al Trono Celestial despliegan sus alas y lloran por nosotros para no vernos padecer ante la ingratitud del hombre. ¡Qué atrevimiento tan osado y horrible ha cometido la criatura más amada!


La fe amados niños, es una VIRTUD SOBRENATURAL, INFUNDIDA POR DIOS EN EL ALMA, cuyo objeto es el mismo Dios. Esta virtud es conocida por mi Iglesia como TEOLOGAL, la cual es dada para conocer a Dios no por medios del género humano, no por la razón, sino por la influencia de la Gracia Divina.

 

¿Pero cómo puede ser que en María, la fe se encontrara en el grado más elevado, más majestuoso y heroico?

Dios nada se guardó para Ella, tuvo una complacencia especial para que fuera Mi Madre, la Madre de Dios, y sirviera de modelo a la humanidad, Vaso Insigne de Devoción. Ella siempre creyó, sin dudas y sin vacilaciones, lo hizo con confianza en la Palabra de Dios.

Meditad esta primera parte, sobre vuestra fe, ponedla en la balanza de la Voluntad Eterna, pesadla y observad cuan sólida es.

En la segunda parte, pondré ejemplos de la fe de Mi Madre, la Soberana de Fe inquebrantable.

Asimilad todo lo que he dicho con palabras simples, compartidlas con vuestros allegados y grupos, instruidlos para que sean buenos alumnos y egresen en valerosos discípulos que gobiernen la Viña del Señor. Os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 LA FE DE MARIA (Segunda Parte)
 

Niños míos, ahora continuemos con la clase sobre la Fe de Mi Madre. Para dar continuidad y correlatividad con la primera parte daré algunos ejemplos.


Miremos el momento en que el Ángel se presentó a María, la Anunciación (San Lucas 26-33), allí es puesta su fe, que concebirá y dará a luz un hijo, al mismo Hijo de Dios.

Mi Madre, siendo Virgen e Inmaculada, ¿sería posible que fuera madre? En tales condiciones, frente a la razón humana y naturalmente es imposible. Pero mi Amada Madre no duda, al saber que es la Voluntad de Dios, cree en Él y acepta lo que el Ángel mensajero le dice.

 

Ahora bien, analicemos juntos la fe de Zacarías. El mismo Ángel se le presenta días antes que a María, le anuncia que nacerá el Precursor, la Voz en el desierto, San Juan Bautista. ¿Pero qué sucede con Zacarías al recibir el aviso? ¿Cómo podía ser posible en tan avanzada edad? La duda gana terreno, no cree en las palabras del Ángel, que siendo el mensajero del Altísimo, duda de las mismas palabras de Dios (San Lucas 1, 11-20).

 

Si comparamos las dos, la fe de Zacarías con la de Mi Madre, podemos decir lo siguiente, que al primero se le anuncia el nacimiento del Precursor del Mesías (San Juan 1, 6-7), al segundo se le anuncia el nacimiento del mismo Mesías. Sin embargo, Zacarías titubea y duda, pero María no duda ni titubea, cree al instante, cree en que Dios todo lo puede, cree en Su Santa y Divina Voluntad.

 

Miremos a Abraham, una fe inquebrantable y maravillosa ante la mirada de Dios, a igual que María. Una fe firme que encandila y enamora al mismo Creador. ¿Y sabéis el motivo? Porque confía plenamente, con toda su existencia, se entrega enteramente a la obra de Dios Todopoderoso.

 

 El Ángel de Dios le pide a Abraham que sacrifique a su único hijo y el sin dudarlo lo hace, a pesar que su corazón era traspasado por una espada de dolor, debía confiar en el Padre Eterno, ya que siendo el Creador de todo era dueño de quitar y dar la vida cuando Él quisiera, si su hijo era muerto podía darle la vida nuevamente (Génesis 22). ¡Ah!. ¡Qué fe niños míos!

 

Fe que aún nos deslumbra, nos maravilla y nos conmueve de amor, la Santa Trinidad fue herida por su propia Voluntad que habitaba en Abraham. Es Ella misma que nos empuja y nos mueve a no negarle nada a  la criatura que se confía con una fe firme en la Voluntad Divina.

 

Así deseo que sea la fe de mis hijos, mis mensajeros, así tengan un ejército frente a ustedes y sean uno solo para enfrentarlos, tened la seguridad de que Dios está con ustedes siempre. Abraham, se dispuso al sacrificio sin flaquear y por tal acto tan solemne y magnánimo, se mereció ser llamado “Padre de los Creyentes”.

 

Mi Madre, siendo pequeña escuchó, leyó y conoció el pasaje del acto de fe de Abraham, quedó tan obnubilada al ver lo que era capaz de hacer tan heroica persona y que su fe inmensurable en su Dios lo impulsaba a renunciar a lo que más preciaba, su propio hijo, que en realidad ese hijo era dado por el mismo Dios. Entonces, la pequeña Virgen aspiró tener la fe de Abraham y agradar tanto a Dios, que quiso seguir el mismo ejemplo.

 

Así como Abraham renunció a su primogénito, María renunciaría al suyo mediante el voto de la virginidad, sabiendo que lo que significaba ser Madre, renunciaba a tal título. En los días de María, entre las mujeres era el anhelo de ser madre del Mesías, pero Ella siendo tan pequeña y humilde se conformaba con ser la esclava de la Madre del Altísimo, una esclava de amor.

 

Dulce Niña y delicada flor, sin que lo supiera, nuestra mirada estaba puesta sobre Ella, sería Mi Madre.

 

¡Pero cómo no íbamos a honrar con el título más grande a una criatura humana tan pura, tan delicada y tan bella, que se dejaba acariciar y hamacar por Nuestra Voluntad Eterna y que nos enamoraba al verla!

 

Este título sería el más grande de todos, el de Madre de Dios. Renuncia a ser madre para complacernos con todo su amor, para agradar y amar a su Dios hasta el extremo, y como recompensa tan invaluable recibida de parte de María, enviamos al Ángel para anunciarle su gloriosa maternidad y Ella, sin vacilar por un instante, pregunta si esa es la Voluntad de Dios y apenas la reconoce, la abraza y se deja abrazar por Ella, cree firmemente en las palabras del Ángel (San Lucas 1, 34-38). No conoce como puede ser posible pero subordina y somete su razón y su parecer a la fe.


Hasta aquí, mis preciados niños y alumnos, meditad y comparad vuestra fe si es semejante a la de María y la de Abraham, si no es así, mirad vuestro interior y buscad aquello que os hace titubear.

 

En la tercera parte de esta enseñanza seguiremos profundizando la Fe de Mi Madre, al final del análisis de esta virtud entenderán la importancia de la misma.

 

Estos escritos son para traer a la memoria de aquellas enseñanzas olvidadas en las bibliotecas de mis templos, enseñanzas relatadas por los Padres y Tradición de la Iglesia. Enseñanzas que hoy no se tienen en cuenta, que son cosas del pasado, hoy todo es superficial sin los debidos recaudos y con la correspondida importancia que ello implica para el crecimiento espiritual del alma.

 

A ti mi niño mensajero y secretario, te encargo la tarea de hacer llegar estas enseñanzas a toda la humanidad, veréis los frutos de estos escritos, grandes santos y santas surgirán, serán de inspiración para tantas almas, crecerá en los corazones de muchos, los deseos de ser niños, hombres y mujeres de buena voluntad ante la mirada del Altísimo, siempre con la intención, obrar y servir al prójimo para Gloria de Dios.

 

 Ahora os doy la bendición, inclinad vuestras cabezas, os bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Permaneced atentos para la próxima enseñanza.

Instrumento Gustavo, Buenos aires, Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

LA FE DE MARIA (Tercera Parte)
 

Amados alumnos e hijos míos, gracias por haber sido pacientes y estar atentos a la próxima clase. Un buen maestro enseña a sus alumnos a saber esperar y a no distraerse, más bien siempre estar alertas en oración y con las lámparas encendidas para la venida de su Señor (San Lucas 12, 35).


La espera y la confianza en vuestro Señor os conduce a una fe a la de mi Madre, con la certeza de que Dios cumple sus promesas (Salmo 37, 3-5), no importa cuánto tiempo debéis esperar, es la seguridad de que la Palabra del Señor  se cumplirá, palabra que no cambia como la del hombre, sino que es eterna e inamovible (Isaías 55, 11).

 

Teniendo la fe de mi Madre María, moveréis y traspasaréis montañas (San Mateo 17, 20), cuantos milagros suscitarán delante de vuestros ojos. Ante un mundo agitado y convulsionado por la desesperación de las enfermedades, buscando una cura a sus males, pronto, por la fe de mis hijos surgirá un remedio que sanará a muchas almas en el mundo. Por esa fe, tantos se convertirán y abrazarán la fe.

 

 En medio del sufrimiento Mi Misericordia más derrama en el alma pero depende que sea recibida con el corazón, Yo siempre estoy atento al alma que me busca arrepentida.


Pero no quiero distraeros con otros temas que desarrollaremos más adelante, continuemos con la Fe de María, en quien la fe obró el prodigio de los prodigios.

 

Su fe atrajo al Hijo de Dios a su purísimo seno, palabras reafirmadas por mi Santa Isabel: “Bienaventurada Tú, porque has creído…”.

 

Así deseo que suceda en ustedes para que en los momentos de gran desorden y confusión mundial mantengáis la calma, nada os irrite o suministre intranquilidad para no ser niños asustados en ausencia de sus padres. Más bien, deseo una fe como la de Mi Madre en Ustedes para que sean rocas firmes donde sus semejantes también construyan sus bases espirituales, sobre rocas firmes. Que vuestra fe sea tan poderosa e inmensurable que por medio de ella traigan los regalos celestiales a las almas más necesitadas de mi amor.


¿Por qué os digo esto?

Porque llegará el tiempo de la gran persecución en que mi Iglesia ya no contará con líderes que la guíen y entre ustedes ya no habrá esta comunicación por este medio electrónico.

 

 ¿Qué haréis mis niños en medio de la tempestad?

 

 ¿Os acurrucaréis como niños temerosos en llanto desconsolado o caminaréis con paso firme y espalda erguida como verdaderos capitanes y generales dispuestos a llevar paz y animo a los suyos?

 

 Deseo transformaros como Mi Madre que lleva mensajes de esperanza, corrección y paz a todo el mundo, mensajes dados por la Santa Trinidad y Ella, siendo la más noble Reina es nuestra voz de consuelo para todas las almas, así quiero que seáis, quienes os vean digan: “Que fe tienen; Cómo desearía tener la fe de ellos”. Quienes os vean caminar con gallardía y sin titubeo vean a los Sagrados Corazones de Jesús y de María en Ustedes, al Señor y a la Señora en ustedes, que con una fe inquebrantable mayor a la del Centurión romano hagáis prodigios en nombre de Dios Todopoderoso (Mateo 8,13).

 

 Oh! Amados niños, cómo suspiro junto a Mi Padre y al Espíritu Santo por ese momento. Cuánto nos estaréis honrando, estaréis devolviendo los atributos que nuestra Voluntad Divina imprimió en cada alma y esperan volver a su Creador para honrarlo con suaves caricias.


¨Vete, tu fe te ha salvado” (San Lucas 17, 11-19), palabras impresas con el decreto divino que implica que todo lo que aten y desaten con fe en la tierra, se manifestarán las maravillas ante los ojos del mundo y vean que Dios los ama. Una fe a la de mi Madre, fuente de grandes bendiciones y de las gracias extraordinarias de vuestro Señor, las cuales derrama abundantemente en el que de este modo, en Mí cree y en Mí confía.


Ahora, entended y comparad bien vuestra fe con la de María, poned en práctica lo aprendido en las lecciones anteriores. ¿Seguid los pasos de mi Madre? ¿Es sencilla vuestra fe y creéis firmemente no ya sólo en los dogmas y verdades reveladas sino en todo lo que el Señor os dice? ¿O sólo creéis en aquello que agrada y desecháis lo que os disgusta?


Yo, el Señor y vuestro Dios os hablo directo al alma a través de inspiraciones, revelaciones y también lo hago a través de tantas almas de mi amada Iglesia, sacerdotes, religiosos, laicos y también en aquellas que menos esperáis. ¿No lo hago a través de ustedes?

 

¿Creéis, sometéis tu voluntad y tu parecer propio? ¿Aunque no entendáis como ha de ser ni el por qué lo dicen?

 

Seguid e imitad a María en esta sumisión a lo que os dicen de parte de Dios, así sea difícil de aceptar, así os humille.

 

 Pedid a mi Madre una fe semejante a la de Ella y su docilidad para que cuando escuchéis la voz de Dios le creáis y le sigáis siempre sin dudar y ni vacilar.


Ahora inclinad vuestras cabezas que os daré la bendición eterna. Os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 Manteneos atentos para la próxima lección.

Instrumento Gustavo. Buenos Aires, Argentina.

Buenos Aires, 16 de marzo de 2020.

 

 

 

 CLASES PARA EL ALMA

 

 

 

 

 

 

 

 

LA FE DE MARIA (Cuarta Parte)
 

 Alegraos pequeños míos porque aquí estoy, resucitado y triunfante, he vencido a la muerte y lo he hecho en cada uno de ustedes.

Tanto amó Mi Padre, Dios Creador y Omnipotente, al mundo, que me entregó para que todo el que cree en Mí no perezca, sino tenga vida eterna.

 Me envío para salvar al hombre no para juzgarlo. En estos tiempos, mi luz debe brillar en cada uno de vuestros corazones en medio de las tinieblas del mundo, porque estos son los días en que el hombre prefiere las tinieblas en vez de la luz, donde su obrar ha llegado al extremo de maldad, peor que en los tiempos de Sodoma y Gomorra (San Juan 3,16-21).

Pero, entre la oscuridad está disperso mi pueblo, que en similitud a pequeñas linternas brillan en la noche, esforzándose en mantenerse encendidas y no apagarse y ser presa de la oscuridad. Para soportar los ataques de las fuerzas infernales, os doy a Mi Madre como fiel maestra y con Ella todas sus enseñanzas para que permanezcáis fuertes en la hora de la prueba, y seáis lámparas que no se apagan, sino lámparas que aumentan su intensidad lumínica y dispersan las tinieblas.


Ahora, tomen asientos amados alumnos, es una gran alegría verlos atentos a mi clase. Comencemos.

 

Durante mi vida pública, el pueblo me siguió y creyó en mí, pero los sabios, los sacerdotes, los fariseos y maestros de la Ley me persiguieron hasta la muerte. Cuando llegó la hora de Mi Pasión los Apóstoles se avergonzaron, me abandonaron y renegaron de su Señor, mis enemigos me apresaron y me castigaron duramente con castigos propios de esclavos, ladrones, personas viles, recibí bofetadas, salivazos, azotes, fui coronado de espinas, se me dio la Cruz y en ella la muerte.

 

Escarnecido, deshonrado y en aparente triunfo de mis enemigos: ¿Este es el Hijo de Dios?... Sí fuera el Hijo de Dios bajaría de la Cruz…. A pesar de esa escena que haría vacilar a cualquiera, no sucedió con Mi Madre.

 

María no dudó en ningún instante, cree en lo dicho por el Ángel mensajero y en el mensaje reconoce la voz de Dios que le revela quien sería su Hijo. A pesar de ser adornada por excelsas gracias, revelaciones y luces extraordinarias que solo Ella recibió, era también criatura al fin, surgida de la mano divina y omnipotente, que frente a los insondables abismos del Divino Querer no llegaba a comprender su inmensidad e infinidad.

 

Pero Ella, mi amada y valiente Madre, no se quedó paralizada frente a lo que no entendía sino que en humildad, todo lo abrazó con una fe ciega, que la hizo admitir gustosa y feliz aquello que no divisaba y percibía.

 

Nosotros, Un solo Dios y a la vez Trino, quedamos admirados ante la humildad de mi María, tan simpática y a la vez tan espontánea en cada uno de sus actos, atenta y dispuesta a dejarse guiar por Nuestra Voluntad y someter todo juicio humano a la misma. Un delicado acto que la hacía abandonarse en nuestros brazos a pesar de no saber hacia donde sería llevada.

 

Investiguemos un poco en ustedes, mis alumnos de los más selectos. Deseo formarlos como Mi Madre, criatura que navega en los océanos insondables del Divino Querer, adornada por las joyas más finas que la Voluntad Eterna puede darle al género humana.

 

Así como los lirios adornan y perfuman los campos y valles (San Lucas 12, 27), así deseo que seáis, flores bellas de la Voluntad de vuestro Señor que esparcen el perfume de las gracias divinas a toda la Creación y en especialmente, a las almas más necesitadas de mi Misericordia, almas cubiertas del mal olor del pecado y con el perfume de las gracias que reside en ustedes, las propaguen en cada oración y acto para devolverles el estado que debieron tener desde el principio, similar al de mi Madre.

 

Por lo tanto la falta de fe, humildad y confianza en su Señor, se convierte en terreno propenso para que surja el pecado. Pero si imitáis a María, seguro que triunfaréis.

 

Miradlo todo como Ella lo hizo. La soberbia que alimenta la confianza en la propia fuerza humana se opone a la humildad y a la fe, la costumbre de criticar y enjuiciar todo conforme a vuestro propio criterio, ha conducido a muchos a cegueras extremas y les ha hecho perder la fe. Solicitad a mi Madre que es vuestra Madre, que su ejemplo os enseñe y anime para salir triunfantes y victoriosos en la lucha tan fuerte en estos días decisivos para el mundo.


¿Pero por qué no llegáis a entender todo lo que viene de Dios?

Simple respuesta. Porque todo lo que procede de Dios es tan grande, infinito y divino que en vuestra naturaleza no puede entrar tal entendimiento. Piensen que pequeño sería Dios, capaz de ser introducido a la inteligencia humana y abarcar su esencia con la luz de la razón terrenal.

Si estaréis toda la eternidad viendo cosas nuevas en la esencia divina sin que estas se acaben, no pretendáis abarcarlo todo.

 

Una cosa más anexaré a esta clase. Yo no deseo que seáis simple cumplidores de la Voluntad Divina, sino que seáis activos y dinámicos, hacedores de obras maravillosas en unidad al Creador Eterno, porque la Voluntad no es estática, es dinámica, está en constante movimiento renovando y embelleciendo todo lo que existe en la creación, como también haciendo cosas nuevas.

 

 En esta actividad divina es necesario que viváis y seáis parte del Divino Querer y dentro de este vivir implica que examinéis los motivos y fundamentos de la Fe.

 

Es de mi agrado que lo hagáis de esta forma, saber en que creéis y por qué creéis. Los milagros y las profecías hechas por mi confirman lo que os digo, los cuales ustedes deben meditar y estudiar a menudo, en aquello que con autoridad infalible ha sido declarado como verdad dogmática y revelada por Mi Iglesia Católica, es decir en aquello que Dios ha revelado.

 Mi Iglesia os enseña en verdad, no se engaña y tampoco os engaña, y para que aprendáis todo lo que os se enseña a través de ella debéis unir vuestra razón a la razón y al pensamiento de Dios para que vuestra Fe sea firme e inquebrantable en la Voluntad Divina.

 

Hasta aquí habéis aprendido el camino de la fe junto a María. A medida que avancen en el aprendizaje estaréis introducidos en los océanos insondables del Divino Querer.


Ahora inclinad vuestra que cabezas que os daré mi bendición, meditad esta clase y disponed a ponerla en práctica. Os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

Dictado a Gustavo, Buenos Aires, Argentina.

22 de abril de 2020

Enseñanzas del Señor Jesús, las cualidades de María, piedras preciosas de la Divina Voluntad que adornan a la Santa Madre de Dios.

 

 

 


 

 

 

 


 

 

LA FE DE MARÍA

Quinta Parte
 
Amados niños y mis alumnos más preciados, hoy continuaremos con la quinta clase y dentro de ella veremos cuáles SON LOS REQUISITOS O PROPIEDADES QUE DEBEN TENER VUESTRA FE para estos tiempos tan confusos para el género humano.

Mi pueblo debe estar entrenado y preparado para cada instante que se desarrollará ante su mirada, pero este entrenamiento debe ser convencido, que tiene un objetivo que es digno de ser llevado a cabo, que tiene sentido en sus vidas. Para eso he venido al mundo y entregué mi vida por la humanidad, para daros un sentido a sus vidas, haceros libres en la verdadera libertad que proviene sólo de Dios.

Una vez hecha la introducción comencemos con el desarrollo de la clase.

Deseo que seáis niños de una FE SENCILLA Y HUMILDE como la de Mí Madre, que no buscó escudriñar aquello que no entendía o era imposible de comprender en ese momento, más bien, en Ella se desarrolló el pasaje de la Sagrada Escritura: Bienaventurados los que no vieron y creyeron (San Juan 20, 29).


Porque los simples y humildes de corazón son como María, en el momento que la nombré como Madre de la Humanidad al pie de la Cruz, sus hijos son como ella, no sólo la imitan, sino que todo hijo tiene los rasgos de sus padres, así son los hijos de Ella, no sólo se asemejan sino que se le parecen, todo lo que son lo han heredado de su Madre, Mí Madre.
¿Cuál es la conclusión de este requisito?. Que la fe es creer sin ver, es tener los ojos físicos vendados, pero los ojos del alma bien abiertos para ver aquello que no se ve con los ojos de la carne.

Vuestra FE DEBE SER SIEMPRE FIRME.


¿Qué os enseñó a través de mi Iglesia?
 Esta fe debe ser asentada en la infabilidad de Dios, que se revela a vosotros por medio de mi Iglesia. Os pongo algunos ejemplos para que podáis entender este requisito. Cuando el Ángel le anunció a María que su Hijo era el Hijo de Dios y sería grande entre las naciones no dudó que así sucedería (San Lucas 1, 32), porque era Palabra de Dios, en su interior tenía la certeza de que todo se cumpliría, no necesitaba ver con sus ojos esa promesa, solo le bastaron las palabras transmitidas por el Ángel para creer. También, contempladla al pie de la Cruz, mientras todos vacilaban, dudaban y huían, Ella como una roca firme, no dudó en Mi Divinidad (San Juan 19, 25-27).

Y os doy un ejemplo más, cuando estáis frente a Mí en la Santa Hostia, si mi vierais con vuestros ojos carnales, ¿vuestra fe sería mayor para creer en mi presencia real en comparación si no me vierais con vuestros propios ojos? ¿Qué mérito obtendríais? ¿Cuál de las dos alternativas tiene mayor firmeza? ¿Creer en lo que ven vuestros ojos o creer en la Palabra de Dios? Si creen en sus ojos significa que confían más es su propia voluntad humana y no creen en la Voluntad de Dios, dudan de Ella, dudan del mismo Dios, lo hieren y lo abandonan. Necesitáis ver para creer (San Juan 20, 19-31).

Pero esta Fe no sólo se limita algunas cosas reveladas, sino a todas, hasta aquellas que aún no comprendéis, porque no todo ha sido revelado. ¿Acaso Dios no es infinito?


Si todo os fuera revelado sería estrecho y limitado. Esta fe de la que os hablo debe ser UNIVERSAL. Admitir unas y rechazar otras quitaría a la fe la cualidad de universalidad, más bien sería pequeña y diminuta. Quien cree en Dios vive Su Voluntad misma (Jeremías 17,7-8), la cual es infinita e insoldable como el mismo Creador, por lo tanto quien cree y vive en el Divino Querer ¿no es también infinito como su Señor? (Éxodo 7, 1; Salmo 82, 6; San 10, 34-35).

Meditad mis palabras si es verdad lo que os digo. Mi Madre no rechazó ninguna palabra del Ángel, no filtró el mensaje dejando partes y descartando otras, más bien la Fe de María fue plena, completa, abarcó todo el mensaje, tanto para lo que debía cumplirse para ese momento como para aquello que no entendía y debía efectuarse en el futuro. Por lo tanto, la fe de Mi Madre todo lo alcanzó en el tiempo, no quiso dejar nada fuera, más bien quiso unir su fe al tiempo de cada suceso y así dejar una huella indeleble en la historia de la creación para que todo lo anunciado para Ella se cumpliera según la Voluntad de Dios: Feliz de Ti por haber creído (San Lucas 1, 39-47). ¿Ustedes también quieren dejar una huella indeleble como Mi Madre?

Para que esa fe sea indeleble debéis tener una FE PRUDENTE que os ayude a distinguir lo que procede de la falsedad de las tinieblas y lo que está fundamentado como Dogma de Fe. Aprended de Mi Madre que para conocer correctamente la Voluntad de Dios primero pregunta al Ángel y cree con firmeza. Todo lo que Ella no entendía lo conservaba y guardaba en su corazón, lo estudiaba y meditaba en silencio, en su intimidad, para luego poder deducir aquello que no comprendía (San Lucas 2, 19). Así, Ustedes deben serlo, hijos que estudian y meditan para saber bien en lo que creen y para ello es necesario que conozcan la Palabra de Dios, su Voz, su mensaje (Hebreos 4, 12; Salmo 119, 105; Salmo 119, 130; San Lucas 11, 28; San Mateo 4, 4), y una vez conocida, admitirla con firmeza para ponerla en decidida práctica.

Pero en correlación al texto anterior, ¿está Fe es solo teórica y estática?
 No amados míos, es también VIVA Y PRÁCTICA, la fe siempre está acompañada de buenas obras, en constante movimiento (2 Timoteo 3, 16-17; San Santiago 1, 22, San Mateo 7, 24). Contemplad la fe inquebrantable de María, que después de mi muerte, su fe puesta en práctica en sostener y consolar a los Santos Apóstoles, en ser Madre de todo ellos (Hechos 1, 1-14).


Contemplad su participación activa a través de la historia humana, que con su ejemplo despertó en los corazones de hombres y mujeres una fe viva que los condujo a realizar obras incomprensibles para la mente humana, obras de las cuales surgieron grandes Santos. Contemplad a Santa Teresita (de Lisieux), mi pequeña niña, que buscando en quien confiar miró a Mi Madre y se dejó llevar por sus enseñanzas que convirtieron la fe de mi pequeña Santa en una obra Viva y Práctica para todo el mundo.



Cómo veis amados niños, la fe unida al Divino Querer de Dios Eterno es el microscopio que os permite visualizar las realidades que no lográis ver sin su ayuda, es la llama que se mantiene encendida en el corazón de vuestra humanidad, llama que unida a la Llama de Los Sagrados Corazones ilumina las pistas, las huellas y señales que conducen al Padre Eterno.



Cómo tarea, examinad y meditad si vuestra fe posee estas propiedades, contemplad a Mi Madre que Ella os enseñará como viven sus hijos, que el justo vive de la fe (Habacuc 2, 4; Romanos 1, 17; 2 Corintios 5, 7), no sólo de la fe, sino por la fe. Vendrán días en que la fe parecerá perdida en el mundo, que no hay nada en que creer, pero en mi rebaño fiel deposito esa fe que será luz que iluminará a la humanidad en medio de la noche espesa. ¿Para qué queréis saber de mensajes y revelaciones si no tenéis fe? Sean semillas que dan muchos frutos para el bien de toda la humanidad.

Ahora inclinad vuestras cabezas que os daré la bendición y os espero expectantes para la próxima clase, porque a medida que avancéis descubriréis grandes maravillas que esperan ser descubiertas dentro de los océanos insoldables del Divino Querer.

Os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Enseñanzas del Señor Jesús, las cualidades de María, piedras preciosas de la Divina Voluntad que adornan a la Santa Madre de Dios.

 

Dictado a Gustavo
Buenos Aires, 20 de mayo de 2020.


 

 

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