No se haga Mi voluntad; sino la Tuya

 

 Textual en español, en esta página no se necesitó traductor, pues estas son las palabras de Jesús en nuestro idioma.

 

Las cosas que te digo ahora son para tu instrucción y para que otros hagan de ellas objeto de meditación. Se dicen de modo explícito para que no quede ninguna duda en sus mentes y también para que sirva a la santificación de otras almas.

Te hablaré sobre el tema predilecto, en el cual encuentras abundante alimento. ¿Qué sentimientos tuve al pedir a los apóstoles que Me hicieran compañía orando, en la noche de Getsemaní? Era tristeza y presentimiento de agonía que Me movieron a pedir esa ayuda y la pedí abiertamente, dominado por la gran idea de la completa inmolación de la cual iba al encuentro. Pero como no podían entender ni siquiera de lejos lo que Yo pretendía al pedirles ayuda, no tuvieron la comprensión debida como testigos Míos. Yo los conocía bien y no hablé porque esperaba verlos incluidos en Mi sufrir, pero para su futura instrucción, ya que reflexionando habrían podido unirse a Mí en sus futuras penas de apóstoles. De manera que cada uno de ustedes sabe que, para hacer Mi Querer, siempre hace falta orar y estar vigilantes.

Pero esto no es todo: es sólo la parte que les corresponde. ¿Y Mi parte? Mi Humanidad sentía la gran resistencia a dar el primer paso en aquel Huerto que debía ser el lugar de Mi captura y el comienzo de Mis sufrimientos siempre previstos y ahora presentes.

¡Cuántas veces había orado en aquel Huerto sin experimentar ni siquiera un instante de indecisión. Pero para darles esperanza a ustedes, Mis amados que están puestos en el mundo para continuar Mi Pasión, quise manifestar Mi debilidad y así, reforzar la de ustedes. Si Yo procedí así, ustedes también deben pedir la ayuda verdadera con la oración y velar por las penas de sus hermanos, los hombres.

Pero esta es la parte exterior del hecho. Yo estaba como una barca sobrecargada a punto de cruzar un mar borrascoso. Contaba sólo con Mi donación y con el poder iluminado de Mi Padre, por lo cual le pedí que Me salvara de aquella hora... Tristeza, pesadumbre, soledad, debilidad: ese era Mi cuadro...

Y tú, ¿cómo te encuentras ahora? ¿entiendes, pues, que te hago semejante a Mí? Pon tú también las rodillas en la tierra de tu sacrificio y di Conmigo:

“Padre, si es posible, aleja de Mí este cáliz, pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya”.

 

Y cuando hayas dicho, con íntima convicción: FIAT, entonces cesará todo y serás renovado en Mi amor.

 

 

 

 

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