LA CASA QUE NUNCA EXISTIÓ

 

 

 

 

 

Viernes, 28 de abril de 1978:

 

Miguel Ángel de tan solo 12 años de edad en el Hogar Javiera Carrera, ubicado en el Camino a Farellones, en Santiago.


En este hogar sufre de parte de un trabajador del Hogar la persecución y los abusos más grandes sin tener razón aparente. Este hombre lo aisla cierto día en el dormitorio tras de sí cierra la puerta y comienza a desvestirse. Comprendiendo Miguel Ángel las intenciones de este hombre perverso, encuentra un objeto contundente, se lo lanza golpeándolo certeramente en la cabeza que comienza a sangrar y huye de allí de inmediato.


Fuera de si este hombre lo amenaza “cuando estés durmiendo le dice te voy a matar”


Miguel Ángel llora en silencio convencido que tal cosa le va a ocurrir. Días después le toca el turno de vigilancia nocturna  a este hombre malvado. ¿Violación? ¿Asesinato?


El niño lo vio venir en la noche y, poniéndose los zapatos se escabulló en pijamas huyendo del Hogar. Tenía tan sólo doce años de edad. Esta sería su primera “fuga”.


Cruzó los jardines y el bosquecillo y subió hacia el camino. Llovía torrencialmente. Ladraban los perros.

 

Continúo adelante sin fijarse donde pisaba.

 

Bajaban autos  por el camino a gran velocidad. Uno de ellos, se detuvo y  lo llevó hasta el paradero de los buses en la Plaza San Enrique, a la entrada de El Arrayán.

 

 

Allí empapado bajo la lluvia, estalló en llanto por el desamparo, empapado por la lluvia, en pijamas y sin un sólo peso y además entrada ya la noche.  Lo vieron así algunas personas que andaban por allí, pero ninguna lo ayudó.

 

 

 Se prendió una luz en una casa vecina y se le aproximó una bella Señora, jovencita, con la ropa hasta los tobillos, como se usaba antiguamente; pelo largo hasta la espalda de color castaño, los ojos café claros, amarrada la cabeza con un paño con pequeñas rosas dibujadas. En un primer momento no me daba cuenta por el susto que tenía.

 

Eran cerca de las once de la noche.

 

Había cierta luminosidad. La señora es la única que he visto parecida a la Virgen comenta Miguel Ángel transcurrido ya seis años .”Sentí como que había dejado de llover”.

 

 


Lo invita con tanto cariño y suavidad que el niño entra a la casa, cena, se cambia de ropa, recibe zapatos y dinero.


La conversación gira sobre lo que había pasado. El le contaba sus penas y apuros. “Eso, le dijo Ella, eso lo va a pagar en la justicia”.


Sí, decía el niño pero tengo que volver. "Yo no quiero volver más" .


Durmió esa noche en una cama y al día siguiente “me fui donde la mami”, relata Miguel Ángel.


Un detalle se le había quedado grabado en su mente. Junto al número de la casa vecina había tres barras metálicas y sobre ellas una reja con pececitos rojos.

 

Al alejarse para tomar el bus hacia Santiago, sin que él se dé cuenta, se devela la casa como realmente era y quien pertenecía.

 

 


 

 

Ya donde Erika, la hija de "su mami", días después, pide permiso a Emiliana para visitar a esa Señora tan buena.

 

Volvió al paradero. Perfectamente identificó los pececitos y las barritas de la casa del lado, pero no había nada al lado en el sitio recordado, no existía la casa dónde él había estado esa noche.

 

Preguntó en la casa de los pescaditos. “¿Usted me vio una noche, aquí llorado?”. “Sí, pero yo pensaba que eras un ladrón”.

 

Nunca ha olvidado este episodio.

 

 

 

Nota nuestra:

 

Es muy probable que el vehículo que lo llevó haya sido celestial también. Difícil que entrada la noche y con lluvia torrencial algún automóvil lo hubiese llevado. Alguien lo hubiera visto y de ser así que se haya detenido.

 

Pero supongamos que un alma de buen corazón, lo vio y se detuvo, lo más probable es que lo hubiese llevado hacia abajo, que era para donde iba el niño, sin embargo se devolvió y subió nuevamente hasta la Plaza San Enrique, como se aprecia en el Mapa 1.

 

Si pensamos que fue así, que esta alma de buen corazón iba hacia allá y prefirió dejarlo en el Paradero de los buses ahí en la Plaza, ¿no debió esta alma de tan buen corazón haberse preocupado que el niño empapado y en pijamas al menos tuviera dinero para el pasaje? Y es más, ¿No debió haber dejado al niño encargado al chofer dentro del bus y con dinero suficiente para ese pasaje y para los otros que debía tomar después?

 

Y si no hizo nada de eso esta alma de buen corazón, ¿no sería porque le llevó el niño a la Santísima Virgen para que ella lo cobijara esa noche?

 

 

Mapa 1

 

 

 

Mapa 2

 

 

 

 


 

 

 

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