Por qué no debemos juzgar a otras personas

 

 

 

    Sólo Dios puede  y debe juzgar, pues Él posee el conocimiento pleno de cada uno de nosotros. Hay que ver el historial de vida de cada ser humano y entender porqué puede actuar de una forma determinada. A veces hay explicación en la vida pasada de la persona que nos de luces respecto, por ejemplo, de su agresividad.

 

   Las apariencias muchas veces engañan. Recordamos el caso de un señor sumamente devoto a los ojos del pueblo. Misa y comunión diaria, obras sociales, preocupación por los pobres. La bondad aparente en persona. En el mismo pueblo había también una mujer de vida dudosa. Ambos mueren casi al mismo tiempo. Las personas del pueblo pensaban con determinación  que con toda seguridad habría ido al infierno eterno y que en cambio el distinguido y devoto caballero probablemente directo al cielo o probablemente a una ligera estadía en el Purgatorio.

 

   Pero lo que los habitantes del pueblo desconocían era que la realidad había sido muy diferente. La mujer no se había condenado como todos pensaban, sino que había pasado a un suave purgatorio y al poco tiempo pasó a la gloria de Dios. El devoto caballero permaneció en el Purgatorio hasta el día del Juicio Final. 

 

  Algo había en ellos que todos desconocían y que sólo Dios podía ver. Por lo tanto nunca juzgar a los otros, pero sí, si es necesario un consejo, una palabra con amor si nos parece que en algo podemos ayudar a nuestro prójimo, pero jamás juzgar. Acordarse lo que nos dice Jesús, que veamos primero nuestra viga y no la paja en el ojo ajeno.

 

   Es bueno decir que a los ojos de Dios, este es un pecado gravísimo, demuestra falta de amor y un mal juicio puede dañar a una persona para siempre. Un pecado casi imposible de reparar. Cambiemos esa mala costumbre de andar por la vida criticando a medio mundo.

 

 

Jesús nos dice al respecto:

 

   Juicios imaginarios hacen las almas cuando se trata de juzgarse a ellos mismos y, son tan clementes y misericordiosos con ellos mismos, que se diría que no tienen culpa alguna y que son dignos de entrar en el Reino de los Cielos y ocupar uno de los mejores sitios.  

 

   Hijos Míos, los juicios que vosotros hacéis tanto interior como exteriormente, nada, absolutamente nada, tienen que ver con los juicios de Dios y, ya os lo dije en el Evangelio, que las prostitutas os adelantarían en el Reino de los Cielos (Mt 21,31). Pero hijos, eso no quiere decir que Yo apruebe la prostitución ni mucho menos, quiere decir que sólo Yo veo los corazones y sé las intenciones y los motivos o razones que a cada alma le llevó a determinada acción, y Yo juzgaré según el interior de las personas, y vosotros hijos Míos, juzgáis según lo exterior y por eso os equivocáis tanto.  

 

 

   Vosotros sois muy clementes a la hora de juzgaros y os disculpáis de vuestras malas obras, de vuestras negligencias, de vuestros pecados de omisión, pero vuestro juicio para nada os servirá ante Mí porque os juzgaré con precisión exacta y según las intenciones de vuestro corazón. Os pediré cuentas de las gracias que malograsteis y de las que rechazasteis. Os pediré cuenta de las obras buenas que solo hicisteis para que os vieran o para alimentar vuestra vanidad. Las obras que hicisteis para ser vistos por los hombres ya tuvieron su paga (Mt 6, 1-2) y muchas no os servirán para nada en el Reino de los Cielos, porque Yo también os dije que vuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, (Mt 6, 3) así que hijos, ahora que estáis a tiempo de merecer y de haceros con una riqueza espiritual, no malogréis los días, las horas, los minutos, ni los segundos. Cada segundo cuenta en Mi juicio, se os pedirá cuentas de como se empleó cada momento, porque Yo Soy el único Juez justo, el único que juzga con verdadera justicia y rectitud.  

 

   Emplearé Mi misericordia sí, pero también seré riguroso en juzgaros. Así pues hijos Míos, esforzaos por entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13), esforzaos por santificaros con disciplina, sacrificio y penitencia. Ancho es el camino que lleva a la perdición (Mt 7,13), ancho y permisivo y Yo os digo que solo tenéis una vida y que no la malogréis. Yo, Jesús, os hablo y os instruyo. Mi paz a todo aquel que crea en estos mensajes y los ponga en práctica.

 

 

   Dios Padre nos dice lo siguiente:

 

   Ya os he dicho muchas veces que no debéis juzgar, porque juzgáis sin saber, juzgáis a vuestros hermanos sin tener bases y hay muchos de vuestros hermanos que no pueden ser juzgados a vuestra manera de pensar, porque no han recibido lo que vosotros habéis recibido. Vosotros no podéis juzgar en la Pureza y en la Santidad como Yo juzgo, Mis pequeños, vosotros debéis dejarme a Mí juzgar, no estáis capacitados vosotros de juzgar a vuestros hermanos y menos de juzgar Mis Obras.

 

 

 

 

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