LA IMPORTANCIA DE FRAY PEDRO DE SANTA MARIA Y ULLOA

MEDITACIONES SOBRE EL SANTO ROSARIO

 

 

 

  Fray Pedro de Santa María y Ulloa fue un religioso de la esclarecida Orden de los Predicadores, hijo del Convento de San Esteban de Salamanca y prohijado en el Real Convento de San Pablo de Sevilla, España. Fue un fraile Dominico.

 

 Fray Pedro de Santamaría, conocido también como Fray Pedro Manzanas (por el apellido de su padre), nace  en Coirós, La Coruña en el año del Señor de 1642 y muere en Sevilla en 1690.

 

 Fue gran misionero en América y España donde fue gran propagador del Santísimo Rosario, acercándolo al pueblo, pues era costumbre que se rezase solamente en los conventos. El pueblo lo desconocía y no era una práctica popular.

 

 

Desde muy niño descubrió Pedro cualidades y virtudes que presagiaban los altos designios que la Providencia tenían formados sobre su porvenir. Su inclinación a la piedad, su rara abstinencia y su abstención completa de los entretenimientos y juegos de la infancia, eran señales manifiestas de algo extraordinario, que sus honrados y cristianos padres no sabían a que atribuir. Viéndole tan bien inclinado y muy despierto de ingenio, enviáronle a Betanzos cuando no contaba más de ocho o diez años, para estudiar la Gramática. Hizo sus estudios de Latín y Humanidades con el licenciado don Juan Rodríguez; pero con motivo de la muerte de su padre tuvo que desistir de la carrera eclesiástica, que pensaba proseguir.

 

Su cariñoso padrino le consigue un trabajo como paje y posteriormente se le asigna como ayo de un joven caballero, pero su padrino advierte que su vocación es otra.

 

Acompañado de su bienhechor, llamaba un día Pedro de Ulloa, a las puertas del convento de Santo Domingo de Betanzos, encontrándose allí con el Vicario provincial del Reino de Galicia, Fr. Domingo Sobrino, quien después de someterle a un detenido examen, le aconsejó que solicitase su ingreso en el famoso convento de San Esteban de Salamanca. Y allá se encaminó el aspirante al santo hábito dominicano, siendo recibido en dicho convento por los años de 1661, y profesando allí mismo con fecha de 10 de septiembre en 1662.

 

Concluida la carrera y ordenado de presbítero, trató de seguir la ruta de los grandes misioneros, que ansiosos de la salvación de las almas y ardiendo en el celo de la gloria de Dios, buscaban campo abierto a las santas expansiones de su espíritu en las vastas regiones del Nuevo Mundo.

 

A las Misiones de América enderezó sus pasos nuestro celoso Fr. Pedro, dispuesto a emprender con el mayor entusiasmo las tareas de la vida apostólica, deteniéndose algunos días en el convento de San Pablo de Sevilla, hasta que salió de Cádiz el navío que le condujo a su destino.

De las noticias algún tanto vagas v confusas que nos dan los primeros biógrafos de nuestro Venerable acerca de su apostolado, deducimos que fueron teatro de su actuación por espacio de diecisiete años los inmensos territorios de la Nueva España, El Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Guatemala, Isla de Cuba y Tierra de Fuego; y en la costa occidental de África, las Islas de Cabo Verde, Guinea, Angola y Colonias del Cabo de Buena Esperanza. En las Islas Canarias predicó el Evangelio por espacio de tres años, y en Andalucía por espacio de otros tres, hasta que le llamó el Señor a mejor vida después de veintitrés años de fecunda labor misional.

 

Su gran apostolado: El Santo Rosario

 

Lema constante de su predicación evangélica fue la devoción a la Santísima Virgen por medio del santo Rosario, del que era devotísimo nuestro Misionero y cuyos misterios constituían el tema favorito de sus pláticas y sermones y de sus meditaciones cotidianas.

Fr. Pedro de Santa María y Ulloa fue el gran apóstol de esta devoción mariana en el siglo XVII, como antes lo había sido el beato Alano de Rupe en el siglo XV y lo fueron después el beato Luis María Grignón de Monfort en el primer tercio del XVIII y San Antonio Claret en el XIX. Hablando del santo Rosario, decía él que era "el sánalo todo" y ciertamente que en sus manos tenía la maravillosa virtud de sanar las almas y los cuerpos, moviendo los corazones a penitencia y curando milagrosamente muchas enfermedades.

En sus correrías apostólicas preocupábase principalmente de sembrar la sagrada doctrina, dejando a la Divina Providencia el desarrollo de la mies, sin esperar a recoger los frutos de la cosecha; y así paraba poco en los pueblos, buscando siempre nuevo campo a sus actividades evangélicas, a ejemplo del Divino Maestro. Varón apostólico de prodigiosa actividad, tan pronto estaba en África como en América, acudiendo presto a donde quiera que el espíritu del Señor guiaba sus pasos, y donde la necesidad era más urgente, sin reparar en distancias, ni en viajes penosísimos y llenos de peligros, a través de selvas y de mares.




 Su apostolado mariano en Andalucía, ya de retorno en España. luego de su gran labor misionera en América y África.

A partir de esta fecha emprendió la obra de un intenso apostolado mariano en el Reino de Andalucía, y con su predicación constante en la iglesia conventual, en la Catedral de Sevilla y en las iglesias parroquiales, supo Fray Pedro de Santa María y Ulloa hacer de la tierra andaluza un verdadero feudo de la soberana Emperatriz de los Cielos.

De este apostolado dice el Padre Diego de La Llana, biógrafo de nuestro Venerable: «Empezó a predicar el Siervo de Dios el Santísimo Rosario; y aunque es verdad que en un principios tuvo grandes dificultades y en todo encontraba tropiezos, todo lo venció con fortaleza y constancia... En breve tiempo conmovió toda esta populosa ciudad (la de Sevilla) de modo que en parroquias, conventos, y casas particulares, calles y caminos, no se oía otra cosa sino alabanzas a la Santísima Virgen en la devoción de su Rosario Sagrado; juntándose a esto una reforma universal, así en trajes como en costumbres; de manera que se vio tan mudada la ciudad, que parece había bajado del Cielo otra nueva; pues lo que en ella se oía y se tocaban eran alabanzas a Dios, frecuencia de Sacramentos y ejercicio de virtudes. ¿Pues qué diremos después que murió este Siervo de Dios?. Era una gloria el ver esta ciudad; pues por las madrugadas, y a las noches salían de distintas iglesias Rosarios, como hoy en día permanecen, con tan grande concurso, que en aquellos primeros años se contaban dos y tres mil personas en algunos de los Rosarios, que salían con tanta diversidad de voces, e instrumentos, que a la verdad parecía un remedo de la Gloria».

Tres horas cada día dedicaba el Siervo de Dios al rezo y exposición de los misterios del Rosario, al amanecer, a las once de la mañana y al anochecer; los domingos por la tarde pasábase otras tres o cuatro seguidas en el pulpito, y luego acudía al confesionario a oír las confesiones de los que, movidos por su predicación, querían mudar de vida.

A la propaganda del santo Rosario hubo de añadir la tarea de combatir, y desarraigar de muchas almas, las heréticas doctrinas de Miguel de Molinos, que hacían grandes estragos en Sevilla, logrando desterrar de ella por completo la nueva secta del Molinismo.



Su santa muerte y su entierro apoteósico

En esta labor constante de fecundo apostolado agotó su vida, pues el día 20 de mayo del año 1690, rezando el Rosario en el pulpito a la hora del alba con el pueblo, le acometió la enfermedad que a la misma hora del día 6 de junio cortaba el hilo de su preciosa existencia con la muerte del justo.

Divulgada la noticia de su fallecimiento por toda la ciudad, acudió el vecindario en masa para venerarle como santo, en tal forma, que fue preciso vestirle por tres veces porque la gente se llevaba su hábito en trocitos como reliquia, y cuéntanse muchos milagros obrados por su mediación.

 

Sus virtudes heroicas y dones sobrenaturales

A la hora de su muerte no se encontraron en su pobrísima celda más que algunos libros y manuscritos. Su lecho era un saco de paja con un haz de astillas de madera por almohada y sin una sola pieza de ropa para abrigarse.

Fue nuestro insigne Misionero un ejemplar viviente de las más heroicas virtudes, y estaba dotado de los dones de profecía, discreción de espíritus, y de hacer milagros. Vivía en continua oración y en alto grado de contemplación e íntimo trato con Dios, y aún le quedaba tiempo para escribir obras tan interesantes como las que detallaremos a continuación.

Venérasele en su pueblo natal con el nombre de Fr. Pedro Manzanas, celébranse anualmente grandes fiestas en su honor, con extraordinaria concurrencia de gente de toda la comarca, el día de Pascua de Resurrección y los tres domingos siguientes.

 

Una de sus principales obras es el libro titulado "Arco Iris de Paz", cuya cuerda es la consideración y meditación para rezar el Santo Rosario de Nuestra Señora. El libro salió a la luz en el año de Nuestro Señor de 1765.

 

 

Nuestro tarea:

 

Este portal católico, está empeñado en rescatar el libro completo, es decir los 15 Misterios del Rosario. Sin embargo esto significa una titánica tarea para quienes somos laicos con múltiples funcione laborales, familiares y de apostolado, por lo que tardaremos varios años en tan interesante empresa.

 

Nosotros tenemos en nuestro poder la edición mexicana del 1800, pero en Internet se encuentran dos ediciones anteriores:

 

1.- La de 1630, la pueden bajar del siguiente enlace:

 

http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/catalogo/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1006879

 

 

2.- La edición de alrededor de 1665, la pueden conseguir buscando en libros de Google.

 

 

Ya se encuentra disponible en Nuestra Biblioteca, el Segundo Misterio Doloroso: "De los azotes que dieron a Jesús", para que todos los que quieran lo puedan leer. Consideramos que es muy recomendable que lo hagan.

 


 

 

 

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